LOS INMIGRANTES CHINOS DENTRO DE LA COMUNIDAD COSTARRICENSE (1870-1910)

 

Licda.  Marlene Loría Chaves

Lic. Alonso Rodríguez Chaves

 

 

“Hace mucho tiempo que vine a este país, donde a fuerza de trabajo, constancia y honradés, he podido formar un capital y colocarme en una situación independiente y libre de zozobras  para el porvenir. Es indudable que mi posición la debo, a mis esfuerzos por una parte y por otra a la suerte de haber escogido este  país para radicarme, en el cual impera la ley y son respetuosos y respetados sus habitantes. Esta circunstancia que para mí constituye un motivo de eterna Gratitud, me hace querer y considerar a Costa Rica-como mi verdadera Patria, y para poder enorgullecerme con éllo, he obtenido carta de ciudadanía Costarricense, la cual me permito enviar adjunto para su conocimiento.”

 

José Cheng ApuyPuntarenas.

 5 de setiembre de 1917.

 

I.             PRESENTACIÓN Y  JUSTIFICACIÓN

En abril de 1896, un periódico nacional emprendió otra de las tantas cruzadas contra “los discípulos de Confucio”. En esa ocasión, se acusó a dos humildes inmigrantes chinos fabricantes de tamales por sustituir uno de sus ingredientes: la carne de cerdo por la de niños.[1] Ante esas aseveraciones, un grupo de vecinos horrorizados y armados buscaron sin cesar por todas las calles de su vecindario a los supuestos infames.

 

Luego de un siglo de haber ocurrido, el supuesto suceso, en el ocaso del siglo XX, en julio de 1999, se acusó por una causa similar y sin fundamento  alguno, a un restaurante chino en la provincia de Cartago, de servir como uno de sus manjares, ratas y ratones en lugar de camarones.

 

En ambos casos provocó rechazo entre la población, aunque las investigaciones llevadas a cabo por las autoridades judiciales para tales acusaciones, arrojaron datos que los exoneraron de cualquier responsabilidad. Pese a esto, algunos medios de prensa y políticos, ensañados contra la comunidad china, se encargaron tras la mampara del choteo, el sarcasmo de considerarlo como uno de los más viles crímenes, asimismo de causarles graves daños en lo moral y en lo económico.

 

La preparación del presente trabajo coincidió con la última coyuntura de la que fuimos testigos; que perjudicó a humildes negocios chinos en todo el país. Prácticamente, muchos quedaron liquidados al tener una baja de un 85% en sus ventas. Consecuentemente, con más ímpetu nos propusimos a contribuir y valorar mejor el aporte de más de 100.000 personas de origen o ascendencia china, incluyendo los "mezclados" cuyos rasgos físicos muchas veces son leves, que conviven en Costa Rica.

 

A manera de homenaje, a los hombres y mujeres que algún día vinieron del Lejano Oriente, huyendo de la amargura, se incluyó en el estudio la compleja historia de estos  inmigrantes, como pioneros indiscutibles del desarrollo de pueblos distantes y su integración a la economía y al desarrollo nacional. Basta visitar cualquier zona del país para encontrarse, que la riqueza socio-cultural es en gran parte resultado del desenvolvimiento inmigratorio, producto del aporte y colaboración de modestos inmigrantes y sus descendientes que han conformado la sociedad costarricense.

 

La  influencia social, económica y cultural de estos ha adquirido un valor considerable, por lo que su estudio no sólo se justifica por las implicaciones demográficas, sino también por las innumerables huellas que dentro de la evolución nacional han tenido. Por eso, nos interesó analizar el caso de la población de origen chino como grupo migrante, desde la óptica de la relación con diferentes estructuras socioeconómicas, en particular las posibilidades, dificultades e iniciativas que tuvieron para integrarse al resto de la población en las postrimerías del Siglo XIX y principios del Siglo XX, lapso en que predominaba un conjunto de políticas y leyes liberales que paradójicamente los excluía e inducía al mismo tiempo.

 

A un nivel más específico interesa explicar: ¿Qué mecanismos de cohesión utilizaron los inmigrantes chinos dentro de  la comunidad costarricense de 1870 a 1910?, para esto, fue conveniente incorporar la distinción entre la identidad asignada por el orden hegemónico o la formalmente pensada y la identidad construida por las relaciones sociales de los grupos, en particular de sus patrones de comportamiento, sus jerarquías, prácticas, usos, costumbres, cosmovisión, del funcionamiento de las instituciones sociales y la comprensión de los significados que tenían esas personas.

 

De este modo, se pretendió como objetivo responder quienes fueron estos migrantes y cúal fue la génesis de este movimiento de población, un análisis global de la situación migratoria, que comprendió el contexto geográfico e histórico. También, fue importante  el análisis político-legal  como parte del ambiente hostil que encontraron a su llegada, por ende, los mecanismos que utilizaron para hacerle frente a la adversidad y a su  inserción en la dinámica histórica costarricense cuando el país lograba consolidarse en el mercado mundial, como resultado de la trilogía: café, ferrocarril y banano.[2]

 

Precisamente, el período de estudio (1870-1910) se caracteriza por marcar un punto clave en las políticas migratorias nacionales, entre ellas, “La auto-inmigración”, que significó en teoría bajar la mortalidad infantil y la “reproducción nacional”; esto último bajo concepción de una idea de nación blanca, singular, homogénea y nacional por naturaleza. Esta política pretendió aumentar la población nacional y reducir la inmigración de elementos que "no eran útiles (chinos y negros) ya que degeneraban la raza costarricense".[3] 

 

REFERENTES TEÓRICOS Y ESTRATEGIA  METODOLÓGICA

A partir de 1989, ocurren una serie de cambios en el centro y oriente Europeo; muchos países se desmembraron y se puso de manifiesto el fracaso de su modelo político-económico. Derivado de este contexto internacional, la ecuación migración y desarrollo comenzó a ser interpretada desde varias perspectivas que sirvieron como propuesta para las políticas migratorias, las cuales se enfrentaron con un triple requerimiento: adecuación al marco de los procesos de integración, elaboración en términos de los objetivos del desarrollo sostenido y el cuestionamiento de la identidad nacional.[4]

 

Teniendo en cuenta estos elementos y relaciones es evidente que el problema de la migración no es nueva ni en el campo de la reflexión teórica ni en el de las fundamentaciones políticas. Sin embargo, nos da la posibilidad de abordar el tema  desde otra apreciación, las formas como se efectúa el movimiento,  los móviles que los expulsan y los atraen y como aporte, el análisis de la relación entre los nacionales y los recién llegados, así, como el asocianismo y solidaridad como mecanismos utilizados por  los inmigrantes para sobrevivir dentro de un contexto de coexistencia hostil.[5]

 

De esta manera, se pretendió romper con tradiciones anteriores,  donde la información documental se reunía o yuxtaponía para caracterizar grupos minoritarios, describirlos sin una mayor preocupación  explicativa. Para este efecto, se tomaron en cuenta todos los elementos necesarios, partiendo que todo es útil para el historiador,[6] desde la cultura material, tradición oral, trabajo de campo, hasta los documentos escritos y otras fuentes que pueden referir a una memoria colectiva de un determinado contexto cultural. Más que sustituir y complementar al documento escrito, sirvió como una tentativa, que democratiza la construcción del conocimiento histórico.[7]

 

La idea de alternar las fuentes tradicionales con las no tradicionales dentro del estudio, fue con el propósito de dar un equilibrio metodológico y la participación a los propios sujetos-protagonistas, con la convicción plena de que se deben tratar estos temas con gran amplitud.

 

No pudo faltar el empleo del método comparativo, con el que se lograron algunos resultados novedosos, como el estudio de los mecanismos que acompañaron el intercambio entre los inmigrantes radicados en el Pacífico Central y Norte con los habitantes de la Vertiente Atlántica de Costa Rica. Los resultados permitieron evidenciar  la presencia de relaciones de parentesco, influencias o filiaciones, por ende, claros sistemas de organización y de solidaridad; todo esto fue esencial para analizar las semejanzas y diferencias presentes en la evolución de ambos grupos  como una totalidad interrelacionada y no como grupos aislados.

 

II.            BREVE  APROXIMACIÓN GEOGRÁFICA HISTÓRICA DE CHINA.

 

 

Chonghuá (China) ha sido el hogar de millones de seres humanos desde hace miles de años. Hoy, es el país más poblado del planeta, con más de mil millones de habitantes pertenecientes a 56 etnias de las cuales los han son los más numerosos.[8] Esta compleja geografía humana, inmersa en una geografía física extremadamente variada, donde se encuentran fértiles tierras, altas montañas y enormes ríos,[9] hacen que la comprensión de este  pueblo y su cultura no sea tan fácil, debido a que es dueña de una vasta historia que le ha dado un fuerte sentido de identidad a sus  habitantes.[10]

 

A través de los siglos, se extendió fuera de sus límites y llegó  a  pensar que su mundo era todo bajo el cielo y que las  personas que vivían más allá de sus fronteras eran “Bárbaras”; por eso, construyeron murallas, que impedían el acceso de los denominados “bárbaros” y consideraron a su emperador “Hijo del Cielo” y describieron su país como el “Reino del Medio”.[11]

 

Para mediados del siglo XVIII, era el imperio más grande de Asia con efectos disruptivos de expansión colonial, en una sociedad agraria tradicional. El orden interno que los emperadores manchúes implantaron hizo un siglo de paz y prosperidad sin precedentes  asociada con la duplicación de la población garantizada por la extensión de las superficies cultivadas, el aumento de los rendimientos y la difusión de nuevos cultivos.[12]

 

Mientras esto ocurría, el comercio británico requería de nuevos mercados debido a la expansión industrial, sin embargo, los chinos estaban ansiosos por detener este comercio, que socavaba cada vez más las bases fiscales y morales del Imperio, consecuencia del narcotráfico desarrollado por Inglaterra con el opio. Cuando Chien Lung escribió al rey de Inglaterra, Jorge III, bien lo decía “que su imperio poseía todo género de cosas en abundancia y que no deseaba nada del exterior”.[13]

 

En esas circunstancias, era evidente que ese cambio pretendido por Gran Bretaña, solo podía imponerse por la fuerza e hizo inevitable la guerra en 1842,[14]cuando los británicos decidieron atacar. Como consecuencia, el emperador chino aceptó firmar el Tratado de Nanking, el cual significó el primero de una larga serie de tratados humillantes y desiguales impuestos a punta de bayonetas por los agresores extranjeros contra China.[15]

 

Según este acuerdo, completado por otro convenio firmado el 8 de octubre de 1843, China se comprometía a pagar una gran indemnización, abrir cinco puertos al comercio exterior (Guangdong, Shanghai, Ningbo, Amoy y Macao), entre otros permitir el asentamiento de británicos en ellos y ceder Hong Kong por un período de 155 años a Gran Bretaña.[16]

 

Comenzó así, una larga historia de subordinación y dependencia, en la que potencias entre ellas Estados Unidos, Rusia, Francia, Alemania y Japón reclamaron derechos, privilegios y dignidades, que intentaban controlar de manera práctica todos los aspectos de la vida china. Bajo este manto, se inició un sistema de explotación imperialista de sus recursos, quedó reducida a una completa impotencia; virtualmente, las potencias se repartieron los vastos territorios en esferas de influencia, que le hicieron un estado semicolonial.[17]

 

De este modo, la injerencia económica de las potencias fue cada vez más fuerte, puso en peligro la partición del territorio chino, inundaron con mercancías, extrajeron las materias primas y compitieron por invertir, otorgando préstamos al gobierno Manchú. Además, abrieron fábricas, construyeron ferrocarriles y explotaron minas, controlando así las finanzas y la economía de China.[18] En general, sufrió tales presiones y el nivel de vida de la mayoría bajó tan rápido que se vio envuelta en una serie de movimientos de campesinos sin tierra, artesanos, pequeños comerciantes, vagabundos y bandoleros, entre otros, los que sucedieron durante todo el tercer cuarto del siglo XIX, y se extendieron a la mayor parte del país.

 

Durante la década de 1850, se agitaron los cimientos del imperio por la rebelión Taiping, una revolución popular de origen religioso, social y económico considerado la primera de una gran marea revolucionaria en la historia de China.[19]En cierta medida, fue resultado de las inestables condiciones de un país acosado por la presencia extranjera y por problemas perennes de justicia social causadas por la debilidad del gobierno manchú, puesta al desnudo por la agresión de occidente.[20]

 

La dinastía manchú, enfrentada a la realidad de tener que mantener relaciones con las potencias  occidentales y destrozada por una rebelión interna de proporciones sin precedentes, pretendió reformar su política para garantizar la supervivencia del imperio.[21]En consecuencia, los esfuerzos de China por fortalecerse desde 1860 a 1895 fueron inútiles. [22]

           

Hacia 1898, sin poder negarse a las demandas extranjeras, China había sido dividida en esferas de influencia económica. De este modo, se extendió por todo el país un movimiento antidinástico, el cual alcanzó su punto álgido en 1900. Basado en las aldeas, este movimiento estuvo acompañado de una especie de xenofobia, su lema fue “apoyar la dinástia y expulsar al extranjero”.[23]En su mayoría, los bóxers eran elementos marginados de la sociedad rural,  quienes se vieron obligados a escoger entre el hambre y el éxodo.[24]

 

En primera instancia, la ciudad de Cantón como centro dominante del sur de China, tanto de la vida comercial, intelectual y el centro de las comodidades y opulencias europeas, se constituyó en una atracción para los chinos procedentes de otras provincias y en el sitio ideal para buscar un “mejor nivel de vida”.[25] Sin embargo, como resultado de la competencia extranjera, surgió una nueva clase de protoproletariado, compuesta por desempleados urbanos y elementos “desclasados”.[26]

 

Por su parte, los comerciantes y capitalistas extranjeros se aprovecharon de las penalidades de los desempleados, considerados como mano de obra barata disponible e inició un lucrativo trasiego humano facilitado, por  el acceso a las rutas comerciales producto del avance tecnológico en el transporte.[27] De esta forma, el puerto sureño chino de  Cantón, no sólo se recuerda como el primero en que los extranjeros autorizados pudieron comercializar con los chinos, también fue la puerta por donde salieron miles de inmigrantes a Europa, Indias Orientales, Australia,* Nueva Zelanda, Hawai, sudeste de Asia, África y hacia América a fines del siglo XIX, con la esperanza de encontrar una vida alentadora.

 

 

III.             CONTEXTO HISTÓRICO DE LA MIGRACIÓN CHINA

 

Se originó entonces, una corriente migratoria hacia el exterior impulsada, posteriormente,  por las mismas autoridades chinas, que creyeron de esta manera paliar el malestar social y descargar la sobrepoblación que no cesó de crecer.[28] La población, obligada a buscar nuevas alternativas de subsistencia, no le quedó más que migrar, hecho que coincidió con comunidades de ultramar con abundantes extensiones de terreno en plena expansión capitalista que  necesitaban de más población para hacerlas producir.[29]

 

Junto a lo anterior, con la abolición de la esclavitud, se elaboraron varios proyectos de colonización para sustituir el trabajo realizado por los esclavos. Ante la ausencia de mano de obra negra en las colonias Británicas, indios y chinos con el apelativo de culis, comenzaron a ser reclutados como grupo de trabajadores internacionales.[30]También se establecieron en las colonias francesas, holandesas y en países como Perú, Panamá, Cuba, Estados Unidos, entre otros.[31]Por esto, no es casual que el  tráfico de culis (1847-1874), sean en los países cuyas economías se basaron en la fuerza de esclavos africanos, los beneficiarios del "coolie trade". [32]  

 

En estas circunstancias, se llevó a cabo el  proceso migratorio de millones  de chinos de las más variadas maneras: en forma independiente,  a través de sacrificios por reunir la cantidad de dinero suficiente y costearse su pasaje, con ayuda de familiares ya ubicados en ultramar o desesperados se vendían a los contratistas como culis, con tal que estos pagaran el pasaje.[33]

 

Con falsas promesas de obtener riqueza y dinero fácil en fabulosas tierras, “repletas” de oro y plata, muchos decidieron abandonar su patria para trabajar en plantaciones de azúcar y en  la construcción de ferrocarriles, principalmente. En el peor de los casos muchos fueron secuestrados por algunas compañías contratistas, ante esto, los gobiernos de la India y de China intentaron establecer de manera clara, las condiciones de emigración.[34] 

 

A pesar de estas y otras mediadas por regular las anomalías, pronto se formaron compañías de capital europeo y norteamericano dedicadas, al tráfico de chinos.[35] Del sur de China, de las provincias Kuangtung, Kuange, Fukién y la isla de Hainan, salieron entre 1847 y 1874, de 250.000 a 500.000 personas bajo contratos,  para servir en condiciones de explotación.[36] El puerto de Macao, mejor conocido como “la puerta al cielo” por ser el único puerto abierto al tráfico de culis facilitó la emigración y la acción de sus habitantes.[37]

 

La clave para apoderarse de esta mano de obra y transportarlos hasta América,  constituyó un engaño, realizado a través de tres procedimientos: enganche, contratos y embarque,[38] además llegó a ser una importante fuente de divisas para los empresarios chinos locales, entre 1847-1874.[39] Inicialmente, los trabajadores destinados a América fueron reclutados en las ciudades antes mencionadas, por contratistas chinos llamados chutsaitou o chi chay tau* (en cantonés, término despectivo que significaba “capataz o cabeza de cerdo”). Estos sujetos estaban instruidos para “contratar” a jóvenes corpulentos, varoniles, preferible entre los 12 y 29 años, preparados para ejecutar tareas agrícolas.[40]

 

Estos contratos se vislumbraron, desde el principio, como un negocio más productivo y menos peligroso que la trata de esclavos africanos. Durante el siglo XIX, llegaron a América más de 500.000 obreros chinos contratados, de los cuales 173.662 desembarcaron en el Caribe,[41] o sea 34.7% de la migración total.[42] El procedimiento para “contratarlos”, por lo general, consistió en una espléndida invitación a una casa de té, acompañada de pasteles y golosinas, mientras los agentes los persuadían con ofrecimientos que les “enriquecería”.[43] Luego, los invitaban a ir a sitios próximos a los puertos, donde quedaban emplazados a suscribir el contrato, ahí se le entregaba a los comisionados de los negociantes americanos. [44]

 

Los migrantes comenzaban su azarosa travesía en términos generales, a bordo de un rústico barco pesquero o en lo posible en un barco mercante en situaciones muy deplorables; en ocasiones, ni siquiera reunían las condiciones elementales para realizar un viaje con tantos pasajeros y largas distancias.[45] Algunos, sólo podían conseguir, entre los huecos de las literas o en la atestada cubierta, el lugar justo para extender su cuerpo. Muchos dormían en el suelo y otros, un poco más equipados, en sillas plegadizas que servían de cama, las cuales ellos mismos cargaban como parte de su equipaje.[46]

 

En esas condiciones, era común  enfermarse de disentería, tuberculosis[47] y tifoidea, es por ello, que la mortalidad fluctuó entre 5 y 10 %. Entre 1847 y 1873, se registraron un total de 15.622 muertos en las travesías. Sólo en 1853, de más de cinco mil transportados, casi la quinta parte murió durante el viaje. Hasta 1859 de 50.124 chinos que salieron, 7.622 perecieron en el trayecto, el 15% y los que llegaban al destino era en malas condiciones.[48]

 

Los  rumores de la horripilante situación que sufrían los embarcados, se expandieron por todas partes, repercutieron de manera severa en la escasez de personas interesadas en emigrar.[49] Si bien al principio, se procuró contratar a jóvenes campesinos, al dificultarse su reclutamiento, se procedió a abordar a personas dedicadas a los oficios menores en la ciudad.

 

“No venían personas ilustres, abogados, venían jóvenes simples como peones para trabajar en el ferrocarril, igual que para labores en el Canal de Panamá. Creían que venían a buscar nuevos horizontes. Venían en grupos de amigos, provenían de pueblos iguales.” [50]

 

Desde un inicio de este proceso migratorio a mediados del siglo XIX, la mayoría de los inmigrantes tenían como objetivo principal, llegar a los Estados Unidos de América. Para esa fecha, ya se encontraban 25.000 chinos en California,[51] los cuales eran atraídos por su frontera en expansión y su vida económica pujante, más tarde, por la política liberal que “facilitó” la adquisición de tierras (ley de homestead, 1862) y por la estabilidad relativa de sus instituciones, en particular después de la guerra civil de 1860-1865.[52]

 

En la medida que continuaron llegando, empezaron a crecer los temores en ese país ante el posible impacto y deterioro en los salarios y el tipo de vida acostumbrada,[53]así comenzaron a ser víctimas de varias formas de injurias, malos tratos y como respuesta a una presión local el Congreso creó leyes de restricción migratorio.[54]

 

La alternativa  para los chinos fue dirigirse hacia otros países, en especial hacia Cuba, Perú y Panamá donde se ocupaban contingentes importantes de trabajadores para llevar a cabo una serie de proyectos que se desarrollaban en ese momento.[55]

 

En números concretos, durante el siglo XIX, llegaron al continente  Americano más de 500 000 chinos, se supone vinieron entre 1860 y 1875, en cantidades importantes. A finales de este mismo siglo habían desembarcado, solo en la isla de Cuba, un aproximado de 150 000 colonos. Asimismo, el número de estos residentes en el extranjero pasó de 2 ó 3 millones de 1876 a 8 ó 9 millones en 1908.[56]

 

IV.            SITUACION DE COSTA RICA

 

Para solventar la  difícil situación demográfica que Costa Rica ha padecido históricamente, se consideró muy favorable la migración europea para la colonización, de ahí que dieran varios intentos por atraerlos. Solo en el lapso de 1821 hasta la década de 1860, se produjeron cuatro importantes proyectos de colonización, todos con poco éxito, pero a pesar del fracaso en décadas posteriores  se continuó insistiendo como se anota  a continuación.[57]

 

“Salta a la vista que no existe otro recurso para llenar el vacío apuntado, que traer inmigrantes laboriosos, activos y emprendedores, inmigrantes que talen nuestros bosques, desequen los portones, funden nuevas poblaciones, y nos traigan, en fin, el progreso de los países más adelantados en la industria, el comercio y la agricultura.

El Tesoro Nacional no se encuentra actualmente en condiciones tan favorables que permitan erogar sumos ingentes en la traída y establecimiento de muchos colones para las regiones inhabitadas del país; pero si podría ayudar á los particulares que quisiera realizar aquel fin.

Es atendido que ese trabajo no sería el mísmo que hacen nuestros jornaleros con pala ó machete, por ser desconocído y difícil para el Europeo; pero si podría éste emplearse en el beneficio de café, en la siembra y cultivo de cereales, en la hortaliza y jardineria, ó en otros oficios propios de quien no esta acostumbrado el trabajo rudo y fuerte de nuestros peones”. (sic)[58]

 

Para apoyar este fin en 1850, el Gobierno de Juan Rafael Mora Porras (1849-1853) creó la Junta Protectora de las Colonias,[59] con el fin de intensificar los esfuerzos para  motivar la llegada de colonos europeos, una vez llegados asegurarles la aplicación de buenos contratos y la protección, lo mismo que la asistencia médica, en caso de que llegaran enfermos, llevar un registro de inmigrantes, como evaluar cualquier dificultad que surgiera entre los colonos y el contratista.[60] Se dieron concesiones de terrenos en abundancia, no obstante no se obtuvieron logros significativos, lo que ocasionó la desaparición de la Junta de las Colonias en el año de 1852.[61]

 

Unos años más tarde, en 1862, durante la Administración de José María Montealegre (1859-1863) se aprobó con este mismo espíritu, la Ley de Bases de Colonización.[62] Estas leyes excluyeron tanto a negros como a chinos y apoyaron expresamente,  la llegada de colonos europeos, ya que como lo demuestra Gudmunson el “blanqueamiento” fue un deseo constante de las autoridades costarricenses durante el siglo XIX y una estrategia de movilidad.[63]   

 

A pesar del espíritu de garantía ofrecida a  los europeos, Costa Rica no se convirtió en un destino atractivo. Aunque el discurso nacional de la época les incluyó de forma legal y privilegiada en los proyectos progresistas, el llamado no logró cautivarles, debido a, como señala la prensa nacional de la época,  la atracción que ofreció Estados Unidos para este tipo de inmigrante,  al otorgarles facilidades legales, rapidez de ser propietarios y en general excelentes condiciones para trabajar en California,[64] por eso se ha afirmado que:

 

“…El aporte poblacional europeo se redujo…a un puñado de empresarios y comerciantes que llegarían a dominar... en los negocios del café…”[65]

 

A fin de cuentas entraron, principalmente, algunos españoles y alemanes, no en la cantidad que se deseó, pero las condiciones económicas obligaron a ser flexibles y permitir el arribo de manera limitada de otros extranjeros poco deseados, entre ellos chinos, cuya presencia para mediados de siglo, ya era evidente en toda la costa del pacífico americano y comenzaba a repercutir en lo concerniente al poblamiento de varios países.[66]

 

Los chinos, ingresó por la costa pacífica de Costa Rica, el primer grupo de estos inmigrantes,  llegó en 1855, consistió en 77 personas, originarios de la zona de Cantón, de las cuales 32 fueron contratados para trabajar en la Hacienda Lepanto del General José Cañas en la costa pacífica y 45 contratados por el y el Barón alemán Alejandro Von Bulow,[67] quién había sido enviado por la Sociedad Berlinesa de Colonización, con el fin de realizar trabajos preparativos para instalar una colonia alemana y abrir a la exportación de ese país el camino en Centro América. Sin embargo, los resultados de su gestión no fueron como se esperaron,[68] por el contrario, el Barón término contratando a inmigrantes chinos para labores agrícolas, pese a que existía una fuerte negativa en el país.[69]

 

Inmersos en este ambiente, opuesto al ingreso de ciertos extranjeros, el panorama a mediados del siglo XIX, obligó a mirar a muchos de ellos como una alternativa, alentada por la escasa mano de obra, que continuó siendo un gran problema para los proyectos emprendidos por las autoridades nacionales y los empresarios.

 

El ideario liberal de aquella época partió que el costarricense era totalmente blanco, ignorando y no dando cabida al elemento indígena y al desconocimiento por completo del origen africano, el cual estaba presente desde el siglo XVI y que de algún modo influyó  como la tercera raíz del ser costarricense.[70]

 

En las últimas décadas del siglo XIX, la dinámica de los liberales consideró, prioritariamente, el ingreso definitivo del país en un añorado mercado mundial, sin embargo,  para desarrollar este proyecto, se requirió tanto del interés interno como de la penetración de fuerzas externas.

 

Los factores determinantes de ese gran progreso fueron  el fomento de las ventas al exterior, el ingreso del capital foráneo y en especial, la construcción del ferrocarril, que generaron hondas modificaciones en el orden social del país.

 

Este gran proyecto de los liberales trajo, durante los primeros años, trabajadores europeos: alemanes, belgas, suizos, escoseces, ingleses, norteamericanos, irlandeses y españoles originarios de las islas canarias.[71] También llegaron del Caribe y de regiones tan remotas para Costa Rica como China.[72]

 

En estas condiciones, la inmigración se consideró una necesidad política para llevar a cabo el tan ansiado progreso económico, que se estaba desarrollando en esa época, por el aumento de las exportaciones entre 1860 y 1880, debido a ese crecimiento, se necesitaron incorporar esas fuerzas externas.[73]

 

El ingreso a Costa Rica de estos trabajadores, se caracterizó igualmente, para toda América, debido a la campaña continental que promovió la llegada a esta parte del globo, producto del faltante de mano de obra. La estrategia de buscar mano de obra, se hizo sobre la base de una “buena inmigración”, que fuera aprovechada para el país, en términos de su calidad asimilable a las cualidades de la Nación imaginada y a la meta de “progreso” de la élite liberal costarricense.[74]

 

Ante las circunstancias de no lograr despertar el interés como destino final para inmigrar, la Compañía del Ferrocarril de Costa Rica, se vio en la encrucijada en 1872 de  permitir la entrada de 200 chinos, que se suponía tenían amplia experiencia en  labores constructivas en varios ferrocarriles.

 

De esta manera, en febrero de 1873, se llevó a cabo la contratación por parte de los empresarios Hubbe y Grytzell en compañía de Enrique Meiggs Keith de 653 trabajadores chinos, los cuales llegaron al Puerto de Puntarenas.[75]

 

El ingreso de estos chinos al país, en palabras de Guillermo Nannes, Director del Ferrocarril Nacional para ese año, fue ciertamente un alivio de consideración para los empresarios necesitados de “brazos auxiliares”.[76]

 

Ingresaron de este modo, en los años setentas del siglo XIX, centenares de trabajadores procedentes de la zona de Cantón, para trabajar en labores de la construcción de la vía férrea mediante condiciones estipuladas en un contrato, que comprometía a los empresarios a darles alimentos sanos y suficientes, habitación cubierta, vestidos y cinco pesos en moneda del país por mes de trabajo, una jornada de doce horas diarias como máximo, tres días al año para sus fiestas religiosas y asistencia médica, entre otras garantías, sin embargo, la realidad fue otra.

 

La supuesta garantía que ofrecían estos contratos, no se cumplió a cabalidad, las pésimas condiciones de los trabajos desarrollados a la intemperie bajo un clima mortífero y como consecuencia el deterioro de la salud de los trabajadores,[77] contradijeron, constantemente, lo estipulado en los contratos, dieron como resultado su activa participación en el primer movimiento reivindicativo bananero, minero y ferroviario de trabajadores en Costa Rica.[78]

 

El negocio de estos contratos no sólo fue lucrativo al dejar cuantiosas ganancias, ya que los precios oscilaban entre 200 y 300 pesos, sino degradante, al incluir en la negociación, seres humanos de por medio, que bajo el calificativo de chinos de primera y segunda clase, se ofrecían al mejor postor para ser  explotados como mano de obra barata. Los de primera clase debían tener una buena salud y una excelente condición física "robustos". Los chinos de segunda clase se calificaban por su eficiencia y buena conducta en el trabajo.[79]

 

Se notaban diferencias salariales hasta de un 50% y más con el resto de los demás trabajadores. Por ejemplo, por cuatro horas trabajadas, el chino número uno recibió 0.13 reales, mientras que otros trabajadores recibían 0.54 reales.[80]

 

Aunque en  el país, se había abolido la esclavitud en 1824, casi desde el momento mismo que logró su  independencia, los contratos aplicados para estos trabajadores fueron en la práctica parecidos a los principios de la esclavitud, debido a la mala interpretación de ellos,  donde el patrono tomó derecho sobre la persona, le asignó en algunos casos, un valor monetario a pesar de que estos no podían ser vendidos por ser hombres libres.

 

El trato brindado a los chinos en Costa Rica, fue muy semejante a la de los esclavos africanos. El abuso a que fueron sometidos por medio de estos contratos, los sumergió en un mundo cuasi-esclavista, al venderse sus contratos entre 350 y 450 pesos y en algunos casos a ser intercambiados y anunciados en los periódicos como si tratase de objetos a la venta, que podían ser adquiridos.

 

Este régimen cruel y coercitivo condujo a los trabajadores en América a manifestarse con levantamientos activos y pasivos e incluso el “cimarronaje”,  liberándose de los ominosos contratos, mientras otros, preferían  suicidarse o morir por la deficiente alimentación y malos tratos.

 

Además de lo difícil que fue para estos trabajadores, el desarraigarse de su lugar de origen, someterse a un arduo sistema de trabajo productivo de violencia y engaño, existió gran repudio contra ellos, así como un ambiente hostil por parte de un grupo de la sociedad costarricense. A pesar de su eficiencia productiva y su aporte importante como mano de obra, cuando más se necesitó,  cada vez aumentaron las medidas y leyes que restringieron su ingreso.

 

Todo evidencia, que la vida para estos inmigrantes a su llegada al país, fue difícil  al producirse una fuerte curiosidad, reacción y desprecio por parte de ciertos costarricense, también por una serie de sucesivas leyes de alto contenido discriminatorio y racista, que limitaron y prohibieron su ingreso, por considerarlos agentes “nocivos” que según el pensamiento de la época atentaban contra la forma de vida costarricense.

 

El 20 de mayo de 1897, se promulgó el decreto N° 6 donde quedó desde esta fecha, absolutamente, prohibida la inmigración de individuos de nacionalidad china. La prohibición no incluyó a los chinos ya establecidos en el país en forma permanente. Además, se facultó al Poder Ejecutivo para impedir la inmigración de individuos de otras “razas”, que a su juicio eran “nocivas al progreso y bienestar de la República”.[81]

 

La legislación del año 1897, indiscutiblemente, sentó las bases para restringir la migración china y marcó el inicio de una nueva etapa en las políticas de inmigración, aunque reconoció los derechos adquiridos por aquellos que habían llegado al país antes que se dictara la ley, tal y como se muestra a continuación:

 

“La ley del 22 de mayo de 1897 declaró prohibida en absoluto la entrada al país a individuos de nacionalidad china, pero al mismo tiempo dispuso que este precepto no se ampliase a chinos ya entonces establecidos aquí de modo permanente, los cuales pueden salir del territorio costarricense y regresar a él cuando lo estimen conveniente.”[82]

 

El flujo migratorio se mantuvo constante y no se detuvo. Los chinos continuaron arribando en forma ilegal, mediante la “migración hormiga”, provenientes de diferentes puntos del continente americano, adonde habían llegado con anterioridad, de ahí que su presencia fue cada vez más notable. [83]

 

Por el contrario, el tráfico y el ingreso clandestino de chinos aumentó, se convirtió en un lucrativo negocio, en el que los empleados de puertos fueron los principales cómplices y precursores de ciertas anomalías.

 

 En 1906, bajo la magistratura de Cleto González Víquez, (1906-1910), el gobierno se aprestó casi de inmediato a reformar el decreto que impedía la admisión en el país de los individuos de raza árabe, turcos, sirios, armenios y gitanos o de cualquier nacionalidad.

 

Se flexibiliza o atempera la prohibición absoluta de ingreso pues se les permite a los radicados en el país de estas nacionalidades, salir y entrar a él, cuando les conviniere, además, el gobierno “podrá conceder permiso especial de entrada a los padres, cónyuges o descendientes de los individuos establecidos hasta la fecha en el país, siempre que lo creyere conveniente y si demuestran satisfactoriamente el parentesco”.[84]

 

En 1911,  en cada Gobernación  y Jefatura Política, se decretó realizar un registro de todos los individuos de “raza china” y levantar un censo de todos estos residentes en sus circunscripciones. Este censo, supuestamente, se llevaría a cabo cada año pretendiendo que las autoridades de puerto y la de lugares fronterizos, impidieran el ingreso definitivo al país de todo chino que no justificara estar inscrito en el Registro.[85]

 

Pese a las leyes drásticas y perjuicios migratorios que  tomaron los diferentes gobiernos liberales, por el contrario, el flujo  migratorio persistió en forma legal e ilegal, al punto que se convirtió en un  movimiento incontrolable y en una actividad sumamente lucrativa.

 

V EL INMIGRANTE CHINO DENTRO DE LA SOCIEDAD COSTARRICENSE

 

Bajo estas pe__>Ð__¤_4GET http://ads.yupi.com/html.ng/transaces chinos aumentó, pese a la animadversión racista de la prensa y de los políticos  costarricenses, sin duda, auspiciada por las difíciles condiciones de China a fines del siglo XIX y de los primeros años del siglo XX, lo que dio a la emigración de sus nacionales, un carácter  de permanente.

 

La falta de registros, censos o documentación confiable, impide conocer el número exacto de inmigrantes chinos, su fecha de llegada, ocupación, etc. Sin embargo, se sabe que la mayoría eran campesinos, de origen aldeano, procedentes del sureste de China con influencia de la filosofía confuciana y que su ingreso se produjo en forma paulatina, pero creciente.[86]

 

Las personas que conformaron la colonia china que se estableció en Limón, procedían de un distrito de Cantón llamado En-Ping, estos habían llegado para la construcción de la vía del  ferrocarril y luego, con las nuevas actividades que se generaron en ese puerto, se fueron quedando. Los que se establecieron en la Costa del Pacífico, provenían de otro distrito de Cantón llamado Chun-Shan,[87].

 

 

Ese flujo de inmigrantes no fue solo producto de una política oficial migratoria, sino más bien, tuvo su explicación en los contactos personales, hechos por las primeras  personas que llegaron (pioneros). Mostraron a sus familias y amigos que se encontraban aún en Cantón, las buenas expectativas que presentaba el país. Esta fue la razón para que  nuevos grupos decidieran emigrar.

Lo menos frecuente en esta migración fue la llegada de mujeres y niños, por lo general, se trató de grupos masculinos, jóvenes con bajos niveles de escolaridad, solteros y sin nexos fundamentales que le impulsaran al regreso.[88]

 

A pesar de las múltiples expulsiones y restricciones, siempre se dio el constante ingreso de chinos al territorio nacional, por el contrario los "pasaportes se multiplicaban como por "encanto".

 

Una vez en tierra firme, cada recién llegado tenía la seguridad de contar con un sitio donde pasar la noche “donde había un chino había dormida”, rezaba un viejo refrán.  Para esos efectos y como resultado del ingreso de más coterráneos, los chinos radicados en Puntarenas, acondicionaron una casa grande a donde los dirigían. Una vez instalados, se establecía un “contrato moral” de solidaridad, en realidad funcionaba como un mecanismo de inducción, para que el nuevo inmigrante se pudiera enfrentar con mejor soltura en su nuevo ambiente.[89]

 

El “contrato” consistía en enseñar el uso de la moneda costarricense y algunas operaciones matemáticas elementales. Una vez adiestrados, se ponían a trabajar en los almacenes de los chinos que los habían contactado.

NOMBRES Y APELLIDOS

Cuando llegaron los primeros inmigrantes chinos para labores agrícolas y más tarde en obras del ferrocarril, quizás por lo complicado que resultó la pronunciación de sus nombres originales, se les asignó un número,[90] y fue  con este, que se les identificó como trabajadores, castigó y hasta se registró en los hospitales.[91]

Posteriormente, con la prohibición de ingreso a inmigrantes de nacionalidad china, estos tuvieron que crear  nuevas estrategias  para evadir los mecanismos de control. El uso de apellidos y nombres latinos fue una de las prácticas más sistemáticas y comunes. En algunas haciendas, muchos trabajadores optaron por tomar el apellido del patrón, legitimándolo al bautizarse bajo la religión Católica; además fue frecuente el uso de identidades de personas fallecidas, así como el “préstamo” de nombres.[92]

Esta situación de cambio de nombre se tornó fácil desde el mismo momento de salida de los puertos chinos, la sobrepoblación y el poco control de ese país en su registro civil dio innumerables  posibilidades a los inmigrantes de optar por cualquier identidad.[93]

COMUNIDADES DONDE SE ESTABLECIERON

La provincia de Limón fue el primer foco de atracción, ya que las primeras actividades que desarrollaron, estuvieron relacionadas con el trazado del ferrocarril al Atlántico, el cual se construía para aquel entonces. Limón fue cambiando su deplorable  situación mortífera, causada por sus malas condiciones sanitarias, por lo que se convirtió, paulatinamente, en un sitio floreciente, al cual muchas personas del interior del país buscaron hacer su temporada veranera y en el que muchos extranjeros llegaron buscando mejor vida.[94]

 

Como resultado de estas circunstancias, se originó un desplazamiento hacia el incipiente centro de la ciudad de Limón, a las actividades comerciales y de distribución, en forma preferente. Mientras que otros, los cuales no pudieron adecuarse a las características climáticas del área, se desplazaron hacia otras zonas del país, principalmente, la Costa Pacífica.[95]

 

Se van a establecer en los puertos y zonas periféricas,  por ser zonas de menor control y ligadas a actividades comerciales importantes. Desde el punto de vista geográfico, se nota perfectamente, que las zonas en que se ubicaron estos grupos humanos, fueron de gran estrategia económica.[96]   

 

El Puerto de Puntarenas constituyó el punto de entrada de más inmigrantes y un lugar de gran movimiento comercial, por ser una estación de tránsito para todo viajero y  punto de enlace con la provincia de Guanacaste y las comunidades  del Pacífico.[97]  En términos generales, fueron estas ciudades, las que ofrecieron buenas opciones de subsistencia a los inmigrantes chinos. Se habían convertido en centros comerciales de  abastecimiento; poseían  las aduanas más importantes del país, con la consecuente abundancia de circulante y la explotación de los ricos yacimientos de las zonas aledañas.[98]

 

Aunque el propósito inicial, como inmigrantes, consistió en reunir un pequeño capital para luego regresar a su país natal, factores de diversa índole, especialmente, políticos, religiosos, ocurridos en China, los hizo asentarse en forma definitiva. Por el contrario, cuando su condición mejoró, decidieron traer a sus familias, se engrosó así la colonia de manera paulatina.[99]

SOLIDARIDAD Y AYUDA MUTUA

 

La lucha frente al medio y su sentido de extranjero, les condujo a cohesionarse socialmente, institucionalizada o no,  bien ayudó  a la movilidad social como inmigrante.[100] Las prácticas de cohesión social fueron de diferentes formas:  en Puntarenas había una especie de banco, todos los miembros llegaban y aportaban algún dinero, luego lo prestaban a un “paisano” como solían llamarse entre ellos,  para que se estableciera, y después  este lo devolvía sin  pagar ningún interés. [101]

 

En general, en todas las comunidades donde hubo grupos de chinos,  funcionó un fondo de ahorro  para préstamos, como mecanismo de solidaridad y mutua ayuda.  El éxito de estas prácticas en un inicio, se basó en la confianza mutua y en el clima solidario existente entre los integrantes, el cumplimiento de sus obligaciones fue asegurado por el control moral del grupo. El préstamo  se daba sin interés y sin plazo, partiendo de la confianza entre ellos. Si el paisano no pagaba, situación poco común,  se le cerraba el crédito.[102]

 

La presencia en el país, de familiares, amigos y paisanos, permitió no sólo hacer frente o atenuar las dificultades, sino una gran ayuda  para cambiar la difícil situación que traían la mayoría. De igual modo, los recién llegados, bajo un compromiso moral pronto reproducían los mecanismos comunales de ayuda  mutua hacia otros y así sucesivamente.[103]

ACTIVIDADES ECONÓMICAS

Conforme se van arraigando logran irse vinculando especialmente en la actividad comercial, el préstamo de servicios y la pequeña empresa, como resultado ocurrió una diáspora de pequeños restaurantes, hoteles, negocios de abarrotes y lavanderías.[104] La inserción independiente ayudó a autogenerar su empleo a través de esas  actividades,  las cuales se ubicaron muy cerca de zonas productivas.[105]  

 

No existía competencia entre ellos, para evitar esta situación  ofrecían sus productos a un mismo precio, trataban de poner sus negocios distantes uno del otro. Este fue un sistema que la comunidad china reprodujo y  aplicó en diferentes países, tal  es el caso de los Estados Unidos, el cual fue muy semejante al de Costa Rica en que se repartían la población en vecindarios para ofrecer sus servicios.[106]

 

Por la falta de un sistema bancario en zonas alejadas del país, los comisariatos chinos suplieron muchas de sus funciones, cambiando cheques, haciendo préstamos y trocando oro, dinero y otros bienes, de este modo, tanto el negocio como “el Chino” se convirtió en un sitio y una figura popular.[107] Alrededor de esos comisariatos, se construyeron las zonas comerciales de muchos de los pueblos y ciudades de Costa Rica. No fue casualidad que poblaciones enteras brotaran alrededor de los lugares donde chinos visioneros y aventureros,  como José Chen Apuy y Luis Wachong Lee, establecieron cadenas de comisariatos, empresas  agrícolas y ganaderas.[108]

 

No solamente, compitieron con éxito creciente en el comercio al menudeo, también incursionaron en la horticultura y los servicios e incluso en negocios mal vistos por la sociedad costarricense como los que se  dedicaban a la prostitución.[109]

 

Resultado de esta fusión de fuerzas, se generó una serie de campañas antichinas, de desprestigio por parte de los comerciantes limonenses, guanacastecos[110] y de otras partes del país. Como una de las medidas tomadas por los comerciantes, se elevó, a través de un memorial al Congreso de la República, la solicitud de excluir a los chinos en la actividad comercial. No obstante, el objetivo principal de estos ataques, tenían un blanco muy claro, evitar el control de este grupo de ciertas patentes, en particular, la de licores que producía cuantiosas ganancias.[111]

 

La influencia del grupo chino en el  sector comercial produjo, indudablemente, más tarde,   una serie de efectos sobre los grupos nacionales. Efectos, que para el caso costarricense, se van a diferenciar de los sucedidos en México y Estados Unidos, donde las campañas antichinas impulsadas por comerciantes nacionales dejaron gotas amargas en los recuerdos de muchos de los inmigrantes.

 

En Costa Rica, por el contrario, estas campañas se van a manifestar en forma más  pasiva, encausadas a través de los estereotipos* que tendieron a generalizar a todos los chinos, pues se utilizaron los mismos conceptos para definir todos los elementos de esta comunidad, sin preocuparse de las excepciones o sin preguntarse en qué medida el contenido del estereotipo, no se aplicaría mejor, justamente a las excepciones mismas.

 

 

 

 

VIDA COTIDIANA

Paradójicamente, el inmigrante llegó a identificarse, muy rápidamente, con el país, hecho que se manifestará en diversos aspectos; esta identificación, fue producto del clima diferente que encontró con respecto a otros países.

 

De esto no debe inferirse la idea de que estos inmigrantes no encontraron rechazos sociales de importancia. Como se mencionó anteriormente, las campañas antichinas, durante las primeras décadas, fueron demostraciones fuertes de hostilidad en su contra, organizadas por algunos sectores, que amenazados ante el rápido ascenso económico de este grupo, consideraron hasta hace pocos años atrás como clase baja, manifestaron su inconformidad por el fenómeno, aún cuando la percepción de su “riqueza”  fuese totalmente errada.

 

Por el contrario, las relaciones de estos migrantes con las clases populares y comunidades rurales, fueron libres de fricciones engorrosas. Muchos ciudadanos chinos, cuando progresaron, establecieron relaciones positivas con las comunidades donde se instalaron, ayudaron a estas en diferentes formas: Luis Wachong en el Pacífico Sur, fundador  de grandes empresas cafetaleras y ganaderas; Jacobo Sánchez, Gil Con, José Chen Apuy, quien en momentos de desgracia, por motivo de las inundaciones causadas en el río Bolsón en Guanacaste facilitó provisiones junto a otros comerciantes chinos, en los pueblos afectados.[112]

 

Lo mismo sucedió en  Limón, donde colaboraron con la comunidad.[113]La relación entre estos  y en especial con los afrocaribeños,  siempre fue buena. Por ser ambos migrantes, que sufrieron condiciones sociales y económicas semejantes cuando llegaron al país, estos establecieron una relación muy solidaria y amistosa. Ellos compraban en sus tiendas y pulperías, frecuentaban los curanderos chinos (los cuales habían aumentado considerablemente) para curar sus enfermedades con medicina oriental.[114]

 

 Asimismo colaboraron hasta con la introducción clandestina de inmigrantes[115] y como testigos para que pudieran inscribirse en los registros y el censo de chinos de 1911, ya que uno de los requisitos era llevar testigos que dieran fe de su buena conducta.[116]

 

Se proyectaron  también en la comunidad, dando fiado en sus almacenes, en los diversos poblados donde se arraigaron, por eso en las localidades, no se percibió un rechazo hacia ellos, por el contrario, consideraron que estos habían aportado mucho a sus comunidades con el establecimiento del comercio y que eran respetuosos de las leyes.[117]

 

En las zonas donde se instalaban, llegaron a tener gran aceptación, gracias a su cooperación para construir caminos, escuelas, edificación de iglesias, donar terrenos y ayudas al deporte.[118]

RECREACIÓN

La vida social y recreativa, tan ligada a las  celebraciones religiosas en China, pasó en Costa Rica, a un segundo lugar. Esto fue producto de un relajamiento en las actividades religiosas de este grupo, consecuencia a la vez de su adaptación al nuevo medio, que le obligó ahora, a utilizar la mayoría del tiempo y esfuerzo en su trabajo. [119]

 

Las actividades del inmigrante tuvieron grandes cambios, en especial, se incrementó la jornada de trabajo y disminuyeron las actividades recreativas. La difícil condición económica en que llegaron los inmigrantes, les obligó a dedicarse por entero a su trabajo, en la mayoría de los casos, como comerciantes, sin contar casi con tiempo para dedicarlo a otras actividades.

 

El poco tiempo de ocio eran los domingos, cuando cerraban los establecimientos comerciales se reunían en casas de los paisanos o en los clubes a jugar “Machou” y principalmente algunos juegos de azar. Se reunían, generalmente, en la tarde, cuando ya pasaba el movimiento de los negocios,  ahí se tomaban un té con bocadillos o cenaban.[120]

 

La comunidad realizaba actividades culturales y sociales en los distintos locales que tuvieron; llegó a ser esto una de las principales actividades de entretenimiento, en las cuales muchas veces podían participar todos los miembros, independientemente, de su edad y sexo.

 

 

LA FAMILIA

Aquellos que lograron ahorrar y  prosperar, mandaban dinero a sus familias, al permanecer estas todavía en China. Ante la imposibilidad de regresar o de trasladar a su esposa e hijos, algunos optaron por formar una nueva familia, aunque sin dejar de enviar  los fondos necesarios.[121]

 

El hogar chino fue la escuela, el intento más formal de la  comunidad, para que sus descendientes conservaran y perpetuaran lazos culturales con su país, situación que luego se dificultó, porque habiendo sido una emigración masculina en un inicio, algunos se unieron posteriormente a mujeres de origen costarricense, lo que significó: la no transmisión de la cultura china a los hijos; a esto contribuyó la ausencia del padre en el hogar, por dedicar la mayor parte de su tiempo a la atención de su negocio o por trabajar como asalariado. [122]

 

La primera generación de hombres inmigrantes se caracterizó por tener concubinas, esta condición les daba prestigio social a lo interno de la colonia al mostrar la capacidad de poder mantener a varias mujeres a la vez, por consiguiente, significaba que el hombre gozaba de mucho dinero para pagar los gastos que estas generaban. Las esposas de origen chino solían buscárselas al marido, asimismo llegaba a ser considerada como la segunda madre para las concubinas. En muchos casos, todos vivían en la misma casa como una gran familia,  los hijos de estas también tenían el derecho a heredar.[123]

 

FILOSOFÍA

Es de esperarse que un pueblo tan poco religioso como el chino, reflejara esa situación en sus migrantes, con algunas adaptaciones a la sociedad que los recibió, sin embargo, cabe aclarar que ninguna se presenta como religión, sino más bien, como una filosofía de la vida, manifestada con una serie de proverbios prácticos que reflejan la tenacidad y perseverancia:[124] De este modo, la filosofía fue de suma importancia, porque les aportó los principios de comportamiento cotidiano para la integración a la sociedad receptora, esto se dio principalmente, al estar lejos de sus familias y comunidades.

 

Al establecer lazos matrimoniales con costarricenses, se le suman un conjunto de prácticas religiosas, propias de la religión católica, esto conllevó a un sincretismo religioso, al festejar la Fiesta de la Luna y el Año Nuevo, al  visitar la casa de Tao donde practicaban los principios del confusionismo y ahora nuevas creencias de la fe cristina. [125]

 

Como se ha analizado, los inmigrantes chinos continuaron ingresando al país durante el período de estudio, a pesar de la oposición a que se enfrentaron con varios sectores de la sociedad. Por el contrario, gracias a su unión y solidaridad tan particular, lograron adquirir, en corto tiempo, una movilidad económica ascendente, de la cual no solo se beneficiaron como grupo, sino que les permitió enriquecer la cultura costarricense y aportar al desarrollo de las comunidades donde se establecieron.


[1] Prensa Libre. San José, Costa Rica. 15 de abril de 1896.   

[2] Quesada Monge, Rodrigo.  “Costa Rica y el Mercado Mundial. Revista Nuestra Historia. San José, Costa Rica. Pág. 12.

[3] Ibidem.

[4] Wright, Robin y Mac Manus, Doyle. Futuro Imperfecto. Ediciones Grijalbo S.A. 1ra. Edic. Barcelona, España. 1992.  Pág. 216.

[5] Álvarez Ríos, Baldomero. La Inmigración China en la Cuba Colonial.  Habana:  Publicigraf. Editores, 1995. Pág. 10

[6] Le Goff, Jacques. Lo Maravilloso y lo Cotidiano en el Occidente Medieval. 2 Edi.. Editorial Gedisa. 1986.

[7] Molina Jiménez, Iván. "Imagen de lo Imaginario Introducción a la Historia de las Mentalidades Colectivas". Historia Teoría o Métodos. 1° Edic. Editorial Universitaria Centroamericana EDUCA. San José, Costa Rica. 1989. Pág. 187.

[8] Chen Chih-ping y Chen Shih-Fu. Historia de China. Compañía Editora China. Taipei, Taiwán, República de China. 1980. Pág. 2.

[9] Sanz  García, José Ma. Geografía. Ediciones Amaya S.A. Salamanca, Madrid, España. Pág. 222.

[10] Chen Chih-ping y Chen Shih-fu. Op. Cit. Pág. 1.

[11] Chen Apuy, Hilda. "Una Aproximación a su Pueblo, su Historia y su Cultura". Revista de Congreso Femenino. Pág. 16.

[12] Ibidem. Pág. 31.

[13] Panikkar, K. M.  Asia y la Dominación Occidental  Eudeba Editorial Universitaria de Buenos Aires. Buenos Aires, Argentina. 1966. Pág. 118.

[14] Panikkar, K.M. Op. Cit. Pág. 125.

[15] Snow, Edgar. La China Contemporánea. el Otro Lado del Río. 2ed. Colección Popular. Fondo de Cultura Económica. México. 1961. Pág. 19.   

[16] Chen Apuy, Hilda.Entrevista con Hilda Chen Apuy. Profesora Universitaria Pensionada. San José. 28 de agosto de 1999.

[17] Alvarez Ríos, Baldomero. Op. Pág. 15.   

[18] Chevrier Yves. La China Moderna. Fondo de Cultura Económica, México, 1987. Pág. 35.

[19] Evans, Harriet. "Las Migraciones Chinas en su Área de Origen: Causas del Éxodo". Op.Cit. Pág.  219.

[20] Ibidem. Pág. 22.

[21] Entrevista con Hilda Cheng Apuy. Op. Cit.

[22] Chen Chih-pin y Chen Shih-fu. Op. Cit. Pág. 28.

[23] Panikkar. Op. Cit.Pág 202.

[24] Lucien, Bianco. Los Orígenes de la Revolución China, 1915-1949. Editorial Tiempo Nuevo S. A. Caracas, Venezuela. Pág. 26.

[25] Evans, Harriet. Historia de China Desde 1800. Op. Cit. Pág. 221.

* Tipo de barcaza china de poco fondo.

[26] Ibidem.

[27] Solís, Otón. Op. Cit. 

* El  9 de agosto de 1951, en Ballart, Victoria zona de Australia, se descubrió hallazgos importantes de oro que ocasionaron grandes migraciones de aventureros de todas partes del mundo. A esta se le llamó la nueva montaña de oro.

[28]Wright, Robin y Mac Manus, Doyle. Op. Cit. Pág.  221.

[29] Entrevista con Hilda Chen Apuy. Op. Cit.

[30]Alemán, Carmen; Dierckxsems Win; Fernández, Mario; Porras, Ana Isabel;  Quevedo, Santiago y Vásquez, Róger R. Estructura Productiva Superpoblación y Migración: Bases para una Discusión. En: Avances de Investigación. No. 3. Instituto de Investigaciones Sociales. Universidad de Costa Rica. 1991. Pág. 1.       

[31]Alemán, Carmen; Dierckxsems Win; Fernández, Mario; Porras, Ana Isabel;  Quevedo, Santiago y Vásquez, Róger R. Op. Cit. Pág. 1.       

[32] Alvarez Ríos, Baldomero. Op. Cit. Pág.  16.

[33] Martínez Montiel, Luz María y Reynoso Medina. Inmigración Europea y Asiática Siglos XIX y XX. Fondo Nacional para la Cultura y las Artes y el Fondo de Cultura Económica. 1ra. Edic. México, DF. 1993. Pág. 397.

[34] Gómez Izquierdo, José Jorge. El Movimiento Antichino en México (1871-1934). Problemas del Racismo y del Nacionalismo durante la Revolución Mexicana. 1ra edición. Instituto Nacional de Antropología e Historia. México, D.F. 1991. Pág. 35.

[35] Martínez Montiel, Luz María y Reynoso Medina.  Op. Cit. Pág. 398.

[36] J.A. Crawford, Memoria respecto a la emigración china hacia las Indias Occidentales. citado por Ramón A. Mon Pinzón. Europa, Asia y África en  América  Latina y el Caribe. Pág. 251

[37] Cong  Wong, Isidro. Entrevista con Isidro Cong Wong. Pintor y Escultor. San José. 2 de mayo de 1999.

[38] Al varez Ríos, Baldomero. Op. Cit. Pág. 17.

[39] Gómez Izquierdo, José Jorge. Op. Cit. Pág. 29.

* Los chinos cantoneses llamaban Chutchaitou a aquellos que se vendían para ir a trabajar a los países extranjeros.  Pérez de la Riva, Juan. Para la Historia de las  Gentes sin Historia.  Ed. Ariel. Pág. 11.

[40] Chang, Luis. "De Culiés a Héroes Anónimos. Chinos en Ultramar". En: Revista China Libre. Nov-Dic. 1997. Pág. 18.     

[41] Hung Hui, Juan. Chinos en América. MAPFRE. Madrid, España. 1992. Págs. 92,104,106, 108-110. 

[42] Ibidem. Pág. 206.

[43] Álvarez Ríos, Baldomero. Op. Cit. Pág. 17.

[44] Chuffat, Antonio. Apuntes Históricos de los Chinos en Cuba. La Habana, Cuba. 1927. Pág. 8

[45] Chie Chan, Chieng. The Chinese in Latin American. 1991.  

[46] Lao, Juan José. Homenaje de la Asociación Costarricense de Amigos de la República de China. Con motivo del Primer Centenario de Capellades, Cantón  de Alvarado. Cartago, Costa Rica. 29 de mayo de 1987. Pág. 1.  

[47] “Poseídos por la Nostalgia”.  Revista Dominical. La Nación. San José, Costa Rica. 20 de  febrero del 2000. Pág. 6.

[48] Pérez de la Rica. Op. Cit. Pág. 145.

[49] Serie Congreso: 8202.

[50] Lao Obando, Juan José. Entrevista con Juan José Lao Obando. Abogado. Cartago. 3 de julio de 1999.

[51] Sowell,  Thomas. Ethnic America a History. Basic Books, Inc, Publishers.  New York. Pág.136.

[52] Imigración III. El Costarricense. Costa Rica. 14 de agosto de 1873. Pág. 1.

[53] Schifter Sikora, Jacobo; Gudmundson, Lowell y Solera Castro, Mario. El Judío en Costa Rica. Editorial Universidad Estatal a Distancia. EUNED. San José, Costa Rica. 1979. Cit.  Pág. 85.

[54] Kim, Elaine H. Asian American Literature. An Introduction to the Writings and their Social Context. Temple University Press. United States of America. 1982. Pág.  100.

[55] Mörner, Magnus. "La Inmigración desde Mediados del Siglo IX:  Una Nueva América Latina". Revista Culturas. Vol. 3. UNESCO. 1978. Pág 57.

[56] Quesada y Aróstegui, Gonzalo. Mi Primera Ofrenda: Los Chinos y la Revolución Cubana.  En: Páginas escogidas. Ciencias Sociales. La Habana, Cuba. 1971. Pág.  22.

[57] Bariatti Lussetti, Rita. La Inmigración Italiana en Costa Rica 1821-1968. Tesis para optar por el grado de Licenciatura en Historia. Universidad Nacional Autónoma. Heredia, Costa Rica. 1987. Pág. 75.  

[58] "Inmigración" La República. 11 de noviembre de 1890. Costa Rica. Pág.  2.

[59]Serie Gobernación: 23426. Folio 48. 1850

[60] Serie Gobernación: 26090.

[61]Sánchez, María Eugenia. Historia de la  Dirección General de Migración y Extranjería. Ministerio de Gobernación y Policía. Imprenta Nacional. 1994.   Pág. 252.

[62] Murillo Chaverri, Carmen. Identidades  de  Hierro y  Humo.  La Construcción del Ferrocarril  al Atlántico 1870-1890. Porvenir Editores. San José, Costa Rica.. 1995.  Pág. 73.

[63] Gudmunson, Lowell y Molina Iván. De Negro a Blanco en Hispanoamérica del Siglo                 XIX, la Asimilación   Afroamericana   en  Argentina  y  Costa  Rica.   Mesoamérica Editores N°. 12. San José, Costa Rica. 1986. Pág.12.

[64] "Inmigración III". El Costarricense. 14 de agosto de 1873. Pág. 2.

[65] Cardoso,  Ciro  y  Pérez Brignoli,  Héctor. Los  Métodos  de  la  Historia. Grijaldo Editores. México. 1979. Pág.  82.

[66] Palmer, Steven. "Hacia la Auto-Migración, el Nacionalismo Oficial en Costa Rica 1870- 1930. Compilación de Arturo Taracena A, Jean Piel. En: Identidades Nacionales y Estado Moderno en Centroamérica.  

[67] León, Moisés. The Chinese of Costa Rica.  Summamry  to the World. Cultures Encyclopedia. San José, Costa Rica. 1991. Pág.4.

[68] Scherzer, Carl y Wagner, Moritz. La República de Costa Rica en la América Central. Ministerio de Cultura Juventud y Deportes. San José, Costa Rica. 1974. Págs. 216-217.  

[69]Fonseca, Zaida. Los Chinos en  Costa Rica  Durante  el  Siglo  XIX.  Tesis  de Licenciatura en Historia:  Universidad de Costa Rica. 1979. Pág. 13.

[70] Fonseca, Elizabeth. Centroamerica: la Política Social en Costa Rica, 1880-1940. 2 ed. FLACSO-EDUCA, San José, Costa Rica. 1998. Pág.  113.

[71] Serie Gobernación: 26090. Folio 7

[72] Meléndez Chaverri, Carlos. Historia de Costa Rica. 2 Edic. EUNED. San José, Costa Rica. 1987. Pág. 129.

[73] Soto Quirós, Ronald. Inmigración e Identidad Nacional. 1904-1942. Los “otros” Reafirman el “Nosotros. Tesis de grado en Licenciatura en Historia. Universidad de Costa Rica. San José, Costa Rica. 1998. Pág. 175.

[74] Serie Gobernación: 26090. Folio 3

[75] Salgari, Emilio. Los Solitarios del Océano.  Editorial Molino. Barcelona, España. 1975. Págs. 13 –14 en OIM. Aspectos Jurídicos e Institucionales de las Migraciones en Costa Rica. San José, Costa Rica. 1991. Pág. 4.  

[76] Serie Policía: 5651.

[77] Serie Gobernación: 34334

[78] Oliva Medina, Mario. "Movimientos Sociales en Costa Rica 1825-1930. En revista: Nuestra Historia N° 13. EUNED. 1992. Pág.  26

[79] Serie Gobernación: 34334.

[80] Serie Fomento: 8525.

[81] Serie Gobernación: 12043

[82] Serie Gobernación: 7963. Folio 3.       

[83] “De la Costa Atlántica.” La República. San José, Costa Rica. 16 de octubre de 1908. 

[84] Decreto Ejecutivo de 21 de junio de 1906, en Colección de Leyes y Decretos. San José, Costa Rica.  

[85] Decreto Ejecutivo del 22 de setiembre de 1911 en Colección de Leyes y Decretos. San José, Costa Rica.

[86] Entrevista  con Hilda Chen Apuy. Op. Cit.

[87] León, Moisés. The Chinese of Costa Rica.  Op. Cit . Pág. 3.

[88] Margulis, Mario; Leander, Birgita. Migraciones hacia  América Latina y el Caribe.Contexto Histórico e Influencia Cultural. Op. Cit.. Pág. 6.

[89]Cong  Wong, Isidro. Entrevista con Isidro Cong Wong. Pintor y Escultor. San José. 2 de mayo de 1999.

[90] Serie Fomento: 8525

[91] Minsky Acosta, Larissa. "Un Soplo de Oriente". Revista Dominical. La Nación. 22 de marzo de 1992.

[92] Canal 15. “La Inmigración China.”  San José, Costa Rica. 7 de mayo de 1999. 7 p.m.

[93] Entrevista con Josefina Ho Mo.  Ama de Casa. San José, Costa Rica. 12 de mayo de 1999.

[94] “Un viaje a Limón.” Prensa Libre. San José, Costa Rica.31 de enero de 1895.

[95] Ibidem..

[96] Canal 15. “La Inmigración China.”  San José, Costa Rica. 7 de mayo de 1999. 7 p.m.

[97]Gil, José Daniel. "Controlaron el Espacio Hombres, Mujeres y Almas. 1880-1941" Seminario de Fin de Siglo XIX e Identidad Nacional en México y Centroamérica. Alajuela, Costa Rica. 11-14 de mayo de 1999.

 

[98] Canal 15. “La Inmigración China.”  San José, Costa Rica. 7 de mayo de 1999. 7 p.m.

[99] Valverde Espinoza, Arabela. La Ciudad de Puntarenas: Una Aproximación a su Historia Económica y Social. 1858-1930. Tesis de grado en Licenciatura en Historia. Universidad de Costa Rica. San José, Costa Rica. 1997. Pág. 97 

[100] Margulis, Mario y Leander Birgita. Migración hacia América Latina y el Caribe. Contexto  Histórico e Influencia Cultural.  Pág.  6. 

[101]  Entrevista con Mario Ching Fong. Presidenter de la Asociación China de Puntarenas. Puntarenas. 15 de mayo de 1999.

[102] Entrevista con Juan José Lao Obando. Op. Cit.

[103] Ibidem.

[104] Canal 15. “La Inmigración China.”  San José, Costa Rica. 7 de mayo de 1999. 7 p.m.

[105] Revista de la Organización Internacional  sobre las Migraciones (OIM) en América Latina. Vol. 12. N° 1/3. Abril -Diciembre de 1994. Op. Cit. Pág. 15.

[106] Chan, Sucheng. Asian Americans. An Interpretive History. Twayne Publishers. Broadway Nueva  York. 1991. Pág. 67.

[107] León, Moisés. The Chinese of Costa Rica.  Op. Cit. Pág. 7.

[108] Ibidem.

[109] “Cuestión Chinos.”  La Chirimea. San José, Costa Rica. 14 de agosto de 1886.

[110] Serie gobernación: 23282.

[111] Municipalidad de Limón. Luchas y Esperanzas: 100  Años de Historia Doble e Inconclusa del Cantón de Limón. Primera edición, Uruk Editores, S.A. Limón, Costa Rica 1992. Pág 256.

* El estereotipo es definido como conjuntos de rasgos que supuestamente caracterizan o tipifican a un grupo, en sus aspectos físicos,  mentales y en su comportamiento.  Estos conjuntos apartan de la "realidad",  restringiéndola, mutilándola y deformándola.

 

[112] Serie Gobernación: 3418.

[113] Expediente 593 de la Transferencia 65-98 de la Gobernación de Limón al Archivo Nacional.

[114] Expediente 597 de la Transferencia 65-98 de la Gobernación de Limón al Archivo Nacional.

[115] Expediente 681 de la Transferencia 65-98 de la Gobernación de Limón al Archivo Nacional.

[116] Serie Gobernación: 535.

[117] Prensa Libre. San José, Costa Rica. 3 de agosto de 1901.  

[118] Canal 15. Op. Cit.

[119] Kim H, Elaine.  Op. Cit. Pág.  30.

[120] Expediente 681, de la Transferencia 65-98 de la Gobernación de Limón.

[121] Ibidem.

[122] Ibidem.

[123] Entrevista  con Isidro Con Wong. Op. Cit.

[124] Zen Chan, Oscar. (Xiao Quing). Entrevista con Oscar Zen Chan. Comerciante-Hotelero. Limón, Costa Rica. 6 de abril de 1999.

[125] Entrevista con Josefina Ho Mo.  Op. Cit.