Lic. Alonso
Rodríguez Chaves
“Hace mucho tiempo que vine a este país, donde a fuerza de trabajo,
constancia y honradés, he podido formar un capital y colocarme en una situación
independiente y libre de zozobras para
el porvenir. Es indudable que mi posición la debo, a mis esfuerzos por una
parte y por otra a la suerte de haber escogido este país para radicarme, en el cual impera la ley y son
respetuosos y respetados sus habitantes. Esta circunstancia que para mí
constituye un motivo de eterna Gratitud, me hace querer y considerar a Costa
Rica-como mi verdadera Patria, y para poder enorgullecerme con éllo, he
obtenido carta de ciudadanía Costarricense, la cual me permito enviar adjunto
para su conocimiento.”
José Cheng ApuyPuntarenas.
5 de setiembre de 1917.
En
abril de 1896, un periódico nacional emprendió otra de las tantas cruzadas
contra “los discípulos de Confucio”. En esa ocasión, se acusó a dos
humildes inmigrantes chinos fabricantes de tamales por sustituir uno de sus
ingredientes: la carne de cerdo por la de niños.[1] Ante esas aseveraciones,
un grupo de vecinos horrorizados y armados buscaron sin cesar por todas las
calles de su vecindario a los supuestos infames.
Luego
de un siglo de haber ocurrido, el supuesto suceso, en el ocaso del siglo XX, en
julio de 1999, se acusó por una causa similar y sin fundamento
alguno, a un restaurante chino en la provincia de Cartago, de servir como
uno de sus manjares, ratas y ratones en lugar de camarones.
En
ambos casos provocó rechazo entre la población, aunque las investigaciones
llevadas a cabo por las autoridades judiciales para tales acusaciones, arrojaron
datos que los exoneraron de cualquier responsabilidad. Pese a esto, algunos
medios de prensa y políticos, ensañados contra la comunidad china, se
encargaron tras la mampara del choteo, el sarcasmo de considerarlo como uno de
los más viles crímenes, asimismo de causarles graves daños en lo moral y en
lo económico.
La
preparación del presente trabajo coincidió con la última coyuntura de la que
fuimos testigos; que perjudicó a humildes negocios chinos en todo el país. Prácticamente,
muchos quedaron liquidados al tener una baja de un 85% en sus ventas.
Consecuentemente, con más ímpetu nos propusimos a contribuir y valorar mejor
el aporte de más de 100.000 personas de origen o ascendencia china, incluyendo
los "mezclados" cuyos rasgos físicos muchas veces son leves, que
conviven en Costa Rica.
A
manera de homenaje, a los hombres y mujeres que algún día vinieron del Lejano
Oriente, huyendo de la amargura, se incluyó en el estudio la compleja historia
de estos inmigrantes, como pioneros
indiscutibles del desarrollo de pueblos distantes y su integración a la economía
y al desarrollo nacional. Basta visitar cualquier zona del país para
encontrarse, que la riqueza socio-cultural es en gran parte resultado del
desenvolvimiento inmigratorio, producto del aporte y colaboración de modestos
inmigrantes y sus descendientes que han conformado la sociedad costarricense.
La influencia social,
económica y cultural de estos ha adquirido un valor considerable, por lo que su
estudio no sólo se justifica por las implicaciones demográficas, sino también
por las innumerables huellas que dentro de la evolución nacional han tenido.
Por eso, nos interesó analizar el caso de la población de origen chino como
grupo migrante, desde la óptica de la relación con diferentes estructuras
socioeconómicas, en particular las posibilidades, dificultades e iniciativas
que tuvieron para integrarse al resto de la población en las postrimerías del
Siglo XIX y principios del Siglo XX, lapso en que predominaba un conjunto de políticas
y leyes liberales que paradójicamente los excluía e inducía al mismo tiempo.
A
un nivel más específico interesa explicar: ¿Qué mecanismos de cohesión utilizaron los inmigrantes chinos dentro
de la comunidad costarricense de
1870 a 1910?, para esto, fue conveniente incorporar la distinción entre
la identidad asignada por el orden hegemónico o la formalmente pensada y la
identidad construida por las relaciones sociales de los grupos, en particular de
sus patrones de comportamiento, sus jerarquías, prácticas, usos, costumbres,
cosmovisión, del funcionamiento de las instituciones sociales y la comprensión
de los significados que tenían esas personas.
De
este modo, se pretendió como objetivo responder quienes fueron estos migrantes
y cúal fue la génesis de este movimiento de población, un análisis global de
la situación migratoria, que comprendió el contexto geográfico e histórico.
También, fue importante el análisis
político-legal como parte del
ambiente hostil que encontraron a su llegada, por ende, los mecanismos que
utilizaron para hacerle frente a la adversidad y a su
inserción en la dinámica histórica costarricense cuando el país
lograba consolidarse en el mercado mundial, como resultado de la trilogía: café,
ferrocarril y banano.[2]
Precisamente,
el período de estudio (1870-1910) se caracteriza por marcar un punto clave en
las políticas migratorias nacionales, entre ellas, “La
auto-inmigración”, que significó en teoría bajar la mortalidad
infantil y la
“reproducción nacional”; esto último bajo concepción de una idea
de nación blanca, singular, homogénea y nacional por naturaleza. Esta política
pretendió aumentar la población nacional y reducir la inmigración de
elementos que "no eran útiles (chinos y negros) ya que degeneraban la raza
costarricense".[3]
REFERENTES TEÓRICOS Y ESTRATEGIA
METODOLÓGICA
A
partir de 1989, ocurren una serie de cambios en el centro y oriente Europeo;
muchos países se desmembraron y se puso de manifiesto el fracaso de su modelo
político-económico. Derivado de este contexto internacional, la ecuación
migración y desarrollo comenzó a ser interpretada desde varias perspectivas
que sirvieron como propuesta para las políticas migratorias, las cuales se
enfrentaron con un triple requerimiento: adecuación al marco de los procesos de
integración, elaboración en términos de los objetivos del desarrollo
sostenido y el cuestionamiento de la identidad nacional.[4]
Teniendo
en cuenta estos elementos y relaciones es evidente que el problema de la migración
no es nueva ni en el campo de la reflexión teórica ni en el de las
fundamentaciones políticas. Sin embargo, nos da la posibilidad de abordar el
tema desde otra apreciación, las
formas como se efectúa el movimiento, los
móviles que los expulsan y los atraen y como aporte, el análisis de la relación
entre los nacionales y los recién llegados, así, como el asocianismo y
solidaridad como mecanismos utilizados por
los inmigrantes para sobrevivir dentro de un contexto de coexistencia
hostil.[5]
De esta manera, se pretendió romper con tradiciones
anteriores, donde la información
documental se reunía o yuxtaponía para caracterizar grupos minoritarios,
describirlos sin una mayor preocupación explicativa.
Para este efecto, se tomaron en cuenta todos los elementos necesarios, partiendo
que todo es útil para el historiador,[6]
desde la cultura material, tradición oral, trabajo de campo, hasta los
documentos escritos y otras fuentes que pueden referir a una memoria colectiva
de un determinado contexto cultural. Más que sustituir y complementar al
documento escrito, sirvió como una tentativa, que democratiza la construcción
del conocimiento histórico.[7]
No pudo faltar el empleo del método comparativo, con
el que se lograron algunos resultados novedosos, como el estudio de los
mecanismos que acompañaron el intercambio entre los inmigrantes radicados en el
Pacífico Central y Norte con los habitantes de la Vertiente Atlántica de Costa
Rica. Los resultados permitieron evidenciar
la presencia de relaciones de parentesco, influencias o filiaciones, por
ende, claros sistemas de organización y de solidaridad; todo esto fue esencial
para analizar las semejanzas y diferencias presentes en la evolución de ambos
grupos como una totalidad
interrelacionada y no como grupos aislados.
II.
BREVE APROXIMACIÓN GEOGRÁFICA
HISTÓRICA DE CHINA.
A través de los siglos, se extendió fuera de sus límites y
llegó a pensar que su mundo era todo bajo el cielo y que las
personas que vivían más allá de sus fronteras eran “Bárbaras”;
por eso, construyeron murallas, que impedían el acceso de los denominados “bárbaros”
y consideraron a su emperador “Hijo del Cielo” y describieron su país como
el “Reino del Medio”.[11]
Para
mediados del siglo
XVIII, era el imperio más grande de Asia con efectos disruptivos de
expansión colonial, en una sociedad agraria tradicional. El
orden interno que los emperadores manchúes implantaron hizo un siglo de paz y
prosperidad sin precedentes asociada con la
duplicación de la población garantizada por la extensión de las superficies
cultivadas, el aumento de los rendimientos y la difusión de nuevos cultivos.[12]
Mientras esto ocurría, el comercio
británico requería de nuevos mercados debido a la expansión industrial, sin
embargo, los chinos estaban ansiosos por
detener este comercio, que socavaba cada vez más las bases fiscales y morales
del Imperio, consecuencia del narcotráfico desarrollado por Inglaterra con el
opio. Cuando Chien Lung escribió al rey de Inglaterra, Jorge III, bien
lo decía “que su imperio poseía todo género
de cosas en abundancia y que no deseaba nada del exterior”.[13]
En
esas circunstancias, era evidente que ese cambio pretendido por Gran Bretaña,
solo podía imponerse por la fuerza e hizo inevitable la guerra en 1842,[14]cuando
los británicos decidieron atacar. Como consecuencia, el emperador chino aceptó
firmar el Tratado de Nanking, el cual significó el primero de una larga serie
de tratados humillantes y desiguales impuestos a punta de bayonetas por los
agresores extranjeros contra China.[15]
Según
este acuerdo, completado por otro convenio firmado el 8 de octubre de 1843,
China se comprometía a pagar una gran indemnización, abrir cinco puertos al
comercio exterior (Guangdong, Shanghai, Ningbo, Amoy y Macao), entre otros
permitir el asentamiento de británicos en ellos y ceder Hong Kong por un período
de 155 años a Gran Bretaña.[16]
Comenzó
así, una larga historia de subordinación y dependencia, en la que potencias
entre ellas Estados Unidos, Rusia, Francia, Alemania y Japón reclamaron
derechos, privilegios y dignidades, que intentaban controlar de manera práctica
todos los aspectos de la vida china. Bajo este manto, se inició un sistema de
explotación imperialista de sus recursos, quedó reducida a una completa
impotencia; virtualmente, las potencias se repartieron los vastos territorios en
esferas de influencia, que le hicieron un estado semicolonial.[17]
De
este modo, la injerencia económica de las potencias fue cada vez más fuerte,
puso en peligro la partición del territorio chino, inundaron con mercancías,
extrajeron las materias primas y compitieron por invertir, otorgando préstamos
al gobierno Manchú. Además, abrieron fábricas, construyeron ferrocarriles y
explotaron minas, controlando así las finanzas y la economía de China.[18]
En general, sufrió tales presiones y el nivel de vida de la mayoría bajó tan
rápido que se vio envuelta en una serie de movimientos de campesinos sin
tierra, artesanos, pequeños comerciantes, vagabundos y bandoleros, entre otros,
los que sucedieron durante todo el tercer cuarto del siglo XIX, y se extendieron
a la mayor parte del país.
Durante la década de 1850, se agitaron
los cimientos del imperio por la rebelión
Taiping, una revolución
popular de origen religioso, social y económico considerado la primera de una
gran marea revolucionaria en la historia de China.[19]En
cierta medida, fue resultado de las inestables condiciones de un país acosado
por la presencia extranjera y por problemas perennes de justicia social causadas
por la debilidad del gobierno manchú, puesta al desnudo por la agresión de
occidente.[20]
La
dinastía manchú, enfrentada a la realidad de tener que mantener relaciones con
las potencias occidentales y
destrozada por una rebelión interna de proporciones sin precedentes, pretendió
reformar su política para garantizar la supervivencia del imperio.[21]En
consecuencia, los esfuerzos de China por fortalecerse desde 1860 a 1895 fueron
inútiles. [22]
Hacia 1898, sin
poder negarse a las demandas extranjeras, China había sido dividida en esferas
de influencia económica. De este modo, se extendió por todo el país un
movimiento antidinástico, el cual alcanzó su punto álgido en 1900. Basado en
las aldeas, este movimiento estuvo acompañado de una especie de xenofobia, su
lema fue “apoyar la dinástia y expulsar
al extranjero”.[23]En
su mayoría, los bóxers eran elementos marginados de la sociedad rural,
quienes se vieron obligados a escoger entre el hambre y el éxodo.[24]
En primera instancia, la ciudad de Cantón
como centro dominante del sur de China, tanto de la vida comercial, intelectual
y el centro de las comodidades y opulencias europeas, se constituyó en una
atracción para los chinos procedentes de otras provincias y en el sitio ideal
para buscar un “mejor nivel de vida”.[25]
Sin embargo, como resultado de la competencia extranjera, surgió una nueva
clase de protoproletariado, compuesta por desempleados urbanos y elementos “desclasados”.[26]
Por
su parte, los comerciantes y capitalistas extranjeros se aprovecharon de las
penalidades de los desempleados, considerados como mano de obra barata
disponible e inició un lucrativo trasiego humano facilitado, por
el acceso a las rutas comerciales producto del avance tecnológico en el
transporte.[27] De esta forma, el puerto
sureño chino de Cantón, no sólo
se recuerda como el primero en que los extranjeros autorizados pudieron
comercializar con los chinos, también fue la puerta por donde salieron miles de
inmigrantes a Europa, Indias Orientales, Australia,*
Nueva Zelanda, Hawai, sudeste de Asia, África y hacia América a fines del
siglo XIX, con la esperanza de encontrar una vida alentadora.
III.
CONTEXTO HISTÓRICO DE LA MIGRACIÓN CHINA
Se
originó entonces, una corriente migratoria hacia el exterior impulsada,
posteriormente, por las mismas
autoridades chinas, que creyeron de esta manera paliar el malestar social y
descargar la sobrepoblación que no cesó de crecer.[28]
La población, obligada a buscar nuevas alternativas de subsistencia, no le quedó
más que migrar, hecho que coincidió con comunidades de ultramar con abundantes
extensiones de terreno en plena expansión capitalista que
necesitaban de más población para hacerlas producir.[29]
Junto
a lo anterior, con la abolición de la esclavitud, se elaboraron varios
proyectos de colonización para sustituir el trabajo realizado por los esclavos.
Ante la ausencia de mano de obra negra en las colonias Británicas, indios y
chinos con el apelativo de culis, comenzaron a
ser reclutados como grupo de trabajadores internacionales.[30]También
se establecieron en las colonias francesas, holandesas
y en países como Perú, Panamá, Cuba, Estados Unidos, entre otros.[31]Por
esto, no es casual que el tráfico
de culis (1847-1874), sean en los países cuyas economías se basaron en la
fuerza de esclavos africanos, los beneficiarios del "coolie trade". [32]
En
estas circunstancias, se llevó a cabo el proceso
migratorio de millones de chinos de
las más variadas maneras: en forma independiente,
a través de sacrificios por reunir la cantidad de dinero suficiente y
costearse su pasaje, con ayuda de familiares ya ubicados en ultramar o
desesperados se vendían a los contratistas como culis,
con tal que estos pagaran el pasaje.[33]
Con
falsas promesas de obtener riqueza y dinero fácil en fabulosas tierras,
“repletas” de oro y plata, muchos decidieron abandonar su patria para
trabajar en plantaciones de azúcar y en la
construcción de ferrocarriles, principalmente. En el peor de los casos muchos
fueron secuestrados por algunas compañías contratistas, ante esto, los
gobiernos de la India y de China intentaron establecer de manera clara,
las condiciones de emigración.[34]
A
pesar de estas y otras mediadas por regular las anomalías, pronto se formaron
compañías de capital europeo y norteamericano dedicadas, al tráfico de
chinos.[35]
Del sur de China, de las provincias Kuangtung, Kuange, Fukién y la isla de
Hainan, salieron entre 1847 y 1874, de 250.000 a
500.000 personas bajo contratos, para servir en condiciones de
explotación.[36]
El puerto de Macao, mejor conocido como “la puerta al cielo” por ser el único
puerto abierto al tráfico de culis facilitó la emigración y la acción de sus
habitantes.[37]
La
clave para apoderarse de esta mano de obra y transportarlos hasta América, constituyó un engaño, realizado a través de tres
procedimientos: enganche, contratos y embarque,[38]
además llegó a ser una importante fuente de divisas para los empresarios
chinos locales, entre 1847-1874.[39]
Inicialmente, los trabajadores destinados a América fueron reclutados en las
ciudades antes mencionadas, por contratistas chinos llamados chutsaitou
o chi chay tau* (en
cantonés, término despectivo que significaba “capataz o cabeza de cerdo”).
Estos sujetos estaban instruidos para “contratar” a jóvenes corpulentos,
varoniles, preferible entre los 12 y 29 años, preparados para ejecutar tareas
agrícolas.[40]
Estos
contratos se vislumbraron, desde el principio, como un negocio más productivo y
menos peligroso que la trata de esclavos africanos. Durante el siglo XIX,
llegaron a América más de 500.000 obreros chinos contratados, de los cuales
173.662 desembarcaron en el Caribe,[41]
o sea 34.7% de la migración total.[42]
El procedimiento para “contratarlos”, por lo general, consistió en una espléndida
invitación a una casa de té, acompañada de pasteles y golosinas, mientras los
agentes los persuadían con ofrecimientos que les “enriquecería”.[43]
Luego, los invitaban a ir a sitios próximos a los puertos, donde quedaban
emplazados a suscribir el contrato, ahí
se le entregaba a los comisionados de
los negociantes americanos.
[44]
Los migrantes comenzaban su azarosa
travesía en términos generales, a bordo de un rústico barco pesquero o en lo
posible en un barco mercante en situaciones muy deplorables; en ocasiones, ni
siquiera reunían las condiciones elementales para realizar un viaje con tantos
pasajeros y largas distancias.[45]
Algunos, sólo podían conseguir, entre los huecos de las literas o en la
atestada cubierta, el lugar justo para extender su cuerpo. Muchos dormían en el
suelo y otros, un poco más equipados, en sillas plegadizas que servían de
cama, las cuales ellos mismos cargaban como parte de su equipaje.[46]
En esas condiciones, era común
enfermarse de disentería, tuberculosis[47]
y tifoidea, es por ello, que la mortalidad fluctuó entre 5 y 10 %. Entre 1847 y
1873, se registraron un total de 15.622 muertos en las travesías. Sólo en
1853, de más de cinco mil transportados, casi la quinta parte murió durante el
viaje. Hasta 1859 de 50.124 chinos que salieron, 7.622 perecieron en el
trayecto, el 15% y los que llegaban al destino era en malas condiciones.[48]
Los
rumores de la horripilante situación que sufrían los embarcados, se
expandieron por todas partes, repercutieron de manera severa en la escasez de
personas interesadas en emigrar.[49]
Si bien al principio, se procuró contratar a jóvenes campesinos, al
dificultarse su reclutamiento, se procedió a abordar a personas dedicadas a los
oficios menores en la ciudad.
“No venían personas ilustres, abogados, venían jóvenes simples como
peones para trabajar en el ferrocarril, igual que para labores en el Canal de
Panamá. Creían que venían a buscar nuevos horizontes. Venían en grupos de
amigos, provenían de pueblos iguales.” [50]
Desde un inicio de este proceso migratorio a
mediados del siglo XIX, la mayoría de los inmigrantes tenían como objetivo
principal, llegar a los Estados Unidos de América. Para esa fecha, ya se
encontraban 25.000 chinos en California,[51]
los cuales eran atraídos por su frontera en expansión y su vida económica
pujante, más tarde, por la política liberal que “facilitó” la adquisición
de tierras (ley de homestead, 1862) y por la estabilidad relativa de sus
instituciones, en particular después de la guerra civil de 1860-1865.[52]
En la medida que continuaron llegando,
empezaron a crecer los temores en ese país ante el posible impacto y deterioro
en los salarios y el tipo de vida acostumbrada,[53]así
comenzaron a ser víctimas de varias formas de injurias, malos tratos y como
respuesta a una presión local el Congreso creó leyes de restricción
migratorio.[54]
La alternativa
para los chinos fue dirigirse hacia otros países, en especial hacia
Cuba, Perú y Panamá donde se ocupaban contingentes importantes de trabajadores
para llevar a cabo una serie de proyectos que se desarrollaban en ese momento.[55]
En números concretos, durante el siglo
XIX, llegaron al continente Americano
más de 500 000 chinos, se supone vinieron entre 1860 y 1875, en cantidades
importantes. A finales de este mismo siglo habían desembarcado, solo en la isla
de Cuba, un aproximado de 150 000 colonos. Asimismo, el número de estos
residentes en el extranjero pasó de 2 ó 3 millones de 1876 a 8 ó 9 millones
en 1908.[56]
IV.
SITUACION DE COSTA RICA
Para
solventar la difícil situación
demográfica que Costa Rica ha padecido históricamente, se consideró muy
favorable la migración europea para la colonización, de ahí que dieran varios
intentos por atraerlos. Solo en el lapso de 1821 hasta la década de 1860, se
produjeron cuatro importantes proyectos de colonización, todos con poco éxito,
pero a pesar del fracaso en décadas posteriores
se continuó insistiendo como se anota
a continuación.[57]
“Salta a la vista que no existe otro recurso para
llenar el vacío apuntado, que traer inmigrantes laboriosos, activos y
emprendedores, inmigrantes que talen nuestros bosques, desequen los portones,
funden nuevas poblaciones, y nos traigan, en fin, el progreso de los países más
adelantados en la industria, el comercio y la agricultura.
El Tesoro Nacional no se encuentra actualmente en
condiciones tan favorables que permitan erogar sumos ingentes en la traída y
establecimiento de muchos colones para las regiones inhabitadas del país; pero
si podría ayudar á los particulares que quisiera realizar aquel fin.
Es atendido que ese trabajo no sería el mísmo que
hacen nuestros jornaleros con pala ó machete, por ser desconocído y difícil
para el Europeo; pero si podría éste emplearse en el beneficio de café, en la
siembra y cultivo de cereales, en la hortaliza y jardineria, ó en otros oficios
propios de quien no esta acostumbrado el trabajo rudo y fuerte de nuestros
peones”. (sic)[58]
Para
apoyar este fin en 1850, el Gobierno de Juan Rafael Mora Porras (1849-1853) creó
la Junta Protectora de las Colonias,[59]
con el fin de intensificar los esfuerzos para
motivar la llegada de colonos europeos, una vez llegados asegurarles la
aplicación de buenos contratos y la protección, lo mismo que la asistencia médica,
en caso de que llegaran enfermos, llevar un registro de inmigrantes, como
evaluar cualquier dificultad que surgiera entre los colonos y el contratista.[60] Se dieron concesiones de
terrenos en abundancia, no obstante no se obtuvieron logros significativos, lo
que ocasionó la desaparición de la Junta de las Colonias en el año de 1852.[61]
Unos
años más tarde, en 1862, durante la Administración de José María
Montealegre (1859-1863) se aprobó con este mismo espíritu, la Ley de Bases de
Colonización.[62]
Estas leyes excluyeron tanto a negros como a chinos y apoyaron expresamente,
la llegada de colonos europeos, ya que como lo demuestra Gudmunson el
“blanqueamiento” fue un deseo constante de las autoridades costarricenses
durante el siglo XIX y una estrategia de movilidad.[63]
A
pesar del espíritu de garantía ofrecida a
los europeos, Costa Rica no se convirtió en un destino atractivo. Aunque
el discurso nacional de la época les incluyó de forma legal y privilegiada en
los proyectos progresistas, el llamado no logró cautivarles, debido a, como señala
la prensa nacional de la época, la
atracción que ofreció Estados Unidos para este tipo de inmigrante,
al otorgarles facilidades legales, rapidez de ser propietarios y en
general excelentes condiciones para trabajar en California,[64] por eso se ha afirmado
que:
“…El aporte poblacional europeo se redujo…a un
puñado de empresarios y comerciantes que llegarían a dominar... en los
negocios del café…”[65]
A
fin de cuentas entraron, principalmente, algunos españoles y alemanes, no en la
cantidad que se deseó, pero las condiciones económicas obligaron a ser
flexibles y permitir el arribo de manera limitada de otros extranjeros poco
deseados, entre ellos chinos, cuya presencia para mediados de siglo, ya era
evidente en toda la costa del pacífico americano y comenzaba a repercutir en lo
concerniente al poblamiento de varios países.[66]
Los
chinos, ingresó por la costa pacífica de Costa Rica, el primer grupo de estos
inmigrantes, llegó en 1855,
consistió en 77 personas, originarios de la zona de Cantón, de las cuales 32
fueron contratados para trabajar en la Hacienda Lepanto del General José Cañas
en la costa pacífica y 45 contratados por el y el Barón alemán Alejandro Von
Bulow,[67]
quién había sido enviado por la Sociedad Berlinesa de Colonización, con el
fin de realizar trabajos preparativos para instalar una colonia alemana y abrir
a la exportación de ese país el camino en Centro América. Sin embargo, los
resultados de su gestión no fueron como se esperaron,[68]
por el contrario, el Barón término contratando a inmigrantes chinos para
labores agrícolas, pese a que existía una fuerte negativa en el país.[69]
Inmersos
en este ambiente, opuesto al ingreso de ciertos extranjeros, el panorama a
mediados del siglo XIX, obligó a mirar a muchos de ellos como una alternativa,
alentada por la escasa mano de obra, que continuó siendo un gran problema para
los proyectos emprendidos por las autoridades nacionales y los empresarios.
El
ideario liberal de aquella época partió que el costarricense era totalmente
blanco, ignorando y no dando cabida al elemento indígena y al desconocimiento
por completo del origen africano, el cual estaba presente desde el siglo XVI y
que de algún modo influyó como la
tercera raíz del ser costarricense.[70]
En
las últimas décadas del siglo XIX, la dinámica de los liberales consideró,
prioritariamente, el ingreso definitivo del país en un añorado mercado
mundial, sin embargo, para
desarrollar este proyecto, se requirió tanto del interés interno como de la
penetración de fuerzas externas.
Los
factores determinantes de ese gran progreso fueron
el fomento de las ventas al exterior, el ingreso del capital foráneo y
en especial, la construcción del ferrocarril, que generaron hondas
modificaciones en el orden social del país.
Este
gran proyecto de los liberales trajo, durante los primeros años, trabajadores
europeos: alemanes, belgas, suizos, escoseces, ingleses, norteamericanos,
irlandeses y españoles originarios de las islas canarias.[71]
También llegaron del Caribe y de regiones tan remotas para Costa Rica como
China.[72]
En
estas condiciones, la inmigración se consideró una necesidad política para
llevar a cabo el tan ansiado progreso económico, que se estaba desarrollando en
esa época, por el aumento de las exportaciones entre 1860 y 1880, debido a ese
crecimiento, se necesitaron incorporar esas fuerzas externas.[73]
El
ingreso a Costa Rica de estos trabajadores, se caracterizó igualmente, para
toda América, debido a la campaña continental que promovió la llegada a esta
parte del globo, producto del faltante de mano de obra. La estrategia de buscar
mano de obra, se hizo sobre la base de una “buena inmigración”, que fuera
aprovechada para el país, en términos de su calidad asimilable a las
cualidades de la Nación imaginada y a la meta de “progreso” de la élite
liberal costarricense.[74]
Ante
las circunstancias de no lograr despertar el interés como destino final para
inmigrar, la Compañía del Ferrocarril de Costa Rica, se vio en la encrucijada
en 1872 de permitir la entrada de
200 chinos, que se suponía tenían amplia experiencia en
labores constructivas en varios ferrocarriles.
De esta manera,
en febrero de 1873, se llevó a cabo la contratación por parte de los
empresarios Hubbe y Grytzell en compañía de Enrique Meiggs Keith de 653
trabajadores chinos, los cuales llegaron al Puerto de Puntarenas.[75]
El ingreso de
estos chinos al país, en palabras de Guillermo Nannes, Director del Ferrocarril
Nacional para ese año, fue ciertamente un alivio de consideración para los
empresarios necesitados de “brazos auxiliares”.[76]
Ingresaron de este modo, en los
años setentas del siglo XIX, centenares de trabajadores procedentes de la zona
de Cantón, para trabajar en labores de la construcción de la vía férrea
mediante condiciones estipuladas en un contrato, que comprometía a los
empresarios a darles alimentos sanos y suficientes, habitación cubierta,
vestidos y cinco pesos en moneda del país por mes de trabajo, una jornada de
doce horas diarias como máximo, tres días al año para sus fiestas religiosas
y asistencia médica, entre otras garantías, sin embargo, la realidad fue otra.
La
supuesta garantía que ofrecían estos contratos, no se cumplió a cabalidad,
las pésimas condiciones de los trabajos desarrollados a la intemperie bajo un
clima mortífero y como consecuencia el deterioro de la salud de los
trabajadores,[77]
contradijeron, constantemente, lo estipulado en los contratos, dieron como
resultado su activa participación en el primer movimiento reivindicativo
bananero, minero y ferroviario de trabajadores en Costa Rica.[78]
El
negocio de estos contratos no sólo fue lucrativo al dejar cuantiosas ganancias,
ya que los precios oscilaban entre 200 y 300 pesos, sino degradante, al incluir
en la negociación, seres humanos de por medio, que bajo el calificativo de
chinos de primera y segunda clase, se ofrecían al mejor postor para ser
explotados como mano de obra barata. Los de primera clase debían tener
una buena salud y una excelente condición física "robustos". Los
chinos de segunda clase se calificaban por su eficiencia y buena conducta en el
trabajo.[79]
Se
notaban diferencias salariales hasta de un 50% y más con el resto de los demás
trabajadores. Por ejemplo, por cuatro horas trabajadas, el chino número uno
recibió 0.13 reales, mientras que otros trabajadores recibían 0.54 reales.[80]
El
trato brindado a los chinos en Costa Rica, fue muy semejante a la de los
esclavos africanos. El abuso a que fueron sometidos por medio de estos
contratos, los sumergió en un mundo cuasi-esclavista, al venderse sus contratos
entre 350 y 450 pesos y en algunos casos a ser intercambiados y anunciados en
los periódicos como si tratase de objetos a la venta, que podían ser
adquiridos.
Este
régimen cruel y coercitivo condujo a los trabajadores en América a
manifestarse con levantamientos activos y pasivos e incluso el
“cimarronaje”, liberándose de
los ominosos contratos, mientras otros, preferían
suicidarse o morir por la deficiente alimentación y malos tratos.
Todo
evidencia, que la vida para estos inmigrantes a su llegada al país, fue difícil
al producirse una fuerte curiosidad, reacción y desprecio por parte de
ciertos costarricense, también por una serie de sucesivas leyes de alto
contenido discriminatorio y racista, que limitaron y prohibieron su ingreso, por
considerarlos agentes “nocivos” que según el pensamiento de la época
atentaban contra la forma de vida costarricense.
El
20 de mayo de 1897, se promulgó el decreto N° 6 donde quedó desde esta fecha,
absolutamente, prohibida la inmigración de individuos de nacionalidad china. La
prohibición no incluyó a los chinos ya establecidos en el país en forma
permanente. Además, se facultó al Poder Ejecutivo para impedir la inmigración
de individuos de otras “razas”, que a su juicio eran “nocivas al progreso
y bienestar de la República”.[81]
La
legislación del año 1897, indiscutiblemente, sentó las bases para restringir
la migración china y marcó el inicio de una nueva etapa en las políticas de
inmigración, aunque reconoció los derechos adquiridos por aquellos que habían
llegado al país antes que se dictara la ley, tal y como se muestra a continuación:
“La ley del 22 de mayo de 1897 declaró prohibida en absoluto la
entrada al país a individuos de nacionalidad china, pero al mismo tiempo
dispuso que este precepto no se ampliase a chinos ya entonces establecidos aquí
de modo permanente, los cuales pueden salir del territorio costarricense y
regresar a él cuando lo estimen conveniente.”[82]
El flujo migratorio se mantuvo
constante y no se detuvo. Los chinos continuaron arribando en forma ilegal,
mediante la “migración hormiga”, provenientes de diferentes puntos del
continente americano, adonde habían llegado con
anterioridad, de ahí que su presencia fue cada vez más notable. [83]
Por
el contrario, el tráfico y el ingreso clandestino de chinos aumentó, se
convirtió en un lucrativo negocio, en el que los empleados de puertos fueron
los principales cómplices y precursores de ciertas anomalías.
En 1906, bajo la magistratura de Cleto González Víquez,
(1906-1910), el gobierno se aprestó casi de inmediato a reformar el decreto que
impedía la admisión en el país de los individuos de raza árabe, turcos,
sirios, armenios y gitanos o de cualquier nacionalidad.
Se
flexibiliza o atempera la prohibición absoluta de ingreso pues se les permite a
los radicados en el país de estas nacionalidades, salir y entrar a él, cuando
les conviniere, además, el gobierno “podrá conceder permiso especial de
entrada a los padres, cónyuges o descendientes de los individuos establecidos
hasta la fecha en el país, siempre que lo creyere conveniente y si demuestran
satisfactoriamente el parentesco”.[84]
En
1911, en cada Gobernación
y Jefatura Política, se decretó realizar un registro de todos los
individuos de “raza china” y levantar un censo de todos estos residentes en
sus circunscripciones. Este censo, supuestamente, se llevaría a cabo cada año
pretendiendo que las autoridades de puerto y la de lugares fronterizos,
impidieran el ingreso definitivo al país de todo chino que no justificara estar
inscrito en el Registro.[85]
Pese a las leyes
drásticas y perjuicios migratorios que tomaron
los diferentes gobiernos liberales, por el contrario, el flujo
migratorio persistió en forma legal e ilegal, al punto que se convirtió
en un movimiento incontrolable y en una actividad sumamente
lucrativa.
V EL INMIGRANTE CHINO DENTRO DE LA SOCIEDAD COSTARRICENSE
Bajo
estas pe__>Ð__¤_4GET http://ads.yupi.com/html.ng/transaces chinos aumentó,
pese a la animadversión racista de la prensa y de los políticos
costarricenses, sin duda, auspiciada por las difíciles condiciones de
China a fines del siglo XIX y de los primeros años del siglo XX, lo que dio a
la emigración de sus nacionales, un carácter
de permanente.
La
falta de registros, censos o documentación confiable, impide conocer el número
exacto de inmigrantes chinos, su fecha de llegada, ocupación, etc. Sin embargo,
se sabe que la mayoría eran campesinos, de origen aldeano, procedentes del
sureste de China con influencia de la filosofía confuciana y que su ingreso se
produjo en forma paulatina, pero creciente.[86]
Las
personas que conformaron la colonia china que se estableció en Limón,
procedían de un distrito de Cantón llamado En-Ping, estos habían llegado para
la construcción de la vía del ferrocarril
y luego, con las nuevas actividades que se generaron en ese puerto, se fueron
quedando. Los que se establecieron en la Costa del Pacífico,
provenían de otro distrito de Cantón llamado Chun-Shan,[87].
Ese
flujo de inmigrantes no fue solo producto de una política oficial migratoria,
sino más bien, tuvo su explicación en los contactos personales, hechos por las
primeras personas que llegaron
(pioneros). Mostraron a sus familias y amigos que se encontraban aún en Cantón,
las buenas expectativas que presentaba el país. Esta fue la razón para que
nuevos grupos decidieran emigrar.
Lo menos
frecuente en esta migración fue la llegada de mujeres y niños, por lo general,
se trató de grupos masculinos, jóvenes con bajos niveles de escolaridad,
solteros y sin nexos fundamentales que le impulsaran al regreso.[88]
A
pesar de las múltiples expulsiones y restricciones, siempre se dio el constante
ingreso de chinos al territorio nacional, por el contrario los "pasaportes
se multiplicaban como por "encanto".
Una
vez en tierra firme, cada recién llegado tenía la seguridad de contar con un
sitio donde pasar la noche “donde había un chino había dormida”, rezaba un
viejo refrán. Para esos efectos y
como resultado del ingreso de más coterráneos, los chinos radicados en
Puntarenas, acondicionaron una casa grande a donde los dirigían. Una vez
instalados, se establecía un “contrato moral” de solidaridad, en realidad
funcionaba como un mecanismo de inducción, para que el nuevo inmigrante se
pudiera enfrentar con mejor soltura en su nuevo ambiente.[89]
El
“contrato” consistía en enseñar el uso de la moneda costarricense y
algunas operaciones matemáticas elementales. Una vez adiestrados, se ponían a
trabajar en los almacenes de los chinos que los habían contactado.
NOMBRES
Y APELLIDOS
Cuando
llegaron los primeros inmigrantes chinos para labores agrícolas y más tarde en
obras del ferrocarril, quizás por lo complicado que resultó la pronunciación
de sus nombres originales, se les asignó un número,[90]
y fue con este, que se les
identificó como trabajadores, castigó y hasta se registró en los hospitales.[91]
Posteriormente,
con la prohibición de ingreso a inmigrantes de nacionalidad china, estos
tuvieron que crear nuevas
estrategias para evadir los
mecanismos de control. El uso de apellidos y nombres latinos fue una de las prácticas
más sistemáticas y comunes. En algunas haciendas, muchos trabajadores optaron
por tomar el apellido del patrón, legitimándolo al bautizarse bajo la religión
Católica; además fue frecuente el uso de identidades de personas fallecidas,
así como el “préstamo” de nombres.[92]
Esta
situación de cambio de nombre se tornó fácil desde el mismo momento de salida
de los puertos chinos, la sobrepoblación y el poco control de ese país en su
registro civil dio innumerables posibilidades
a los inmigrantes de optar por cualquier identidad.[93]
COMUNIDADES
DONDE SE ESTABLECIERON
La
provincia de Limón fue el primer foco de atracción, ya que las primeras
actividades que desarrollaron, estuvieron relacionadas con el trazado del
ferrocarril al Atlántico, el cual se construía para aquel entonces. Limón fue
cambiando su deplorable situación
mortífera, causada por sus malas condiciones sanitarias, por lo que se convirtió,
paulatinamente, en un sitio floreciente, al cual muchas personas del interior
del país buscaron hacer su temporada veranera y en el que muchos extranjeros
llegaron buscando mejor vida.[94]
Como
resultado de estas circunstancias, se originó un desplazamiento hacia el
incipiente centro de la ciudad de Limón, a las actividades comerciales y de
distribución, en forma preferente. Mientras que otros, los cuales no pudieron
adecuarse a las características climáticas del área, se desplazaron hacia
otras zonas del país, principalmente, la Costa Pacífica.[95]
Se
van a establecer en los puertos y zonas periféricas, por ser zonas de menor control y ligadas a actividades
comerciales importantes. Desde el punto de vista geográfico, se nota
perfectamente, que las zonas en que se ubicaron estos grupos humanos, fueron de
gran estrategia económica.[96]
El
Puerto de Puntarenas constituyó el punto de entrada de más inmigrantes y un
lugar de gran movimiento comercial, por ser una estación de tránsito para todo
viajero y punto de enlace con la
provincia de Guanacaste y las comunidades del
Pacífico.[97]
En términos generales, fueron estas ciudades, las
que ofrecieron buenas opciones de subsistencia a los inmigrantes chinos. Se habían
convertido en centros comerciales de abastecimiento;
poseían las aduanas más
importantes del país, con la consecuente abundancia de circulante y la
explotación de los ricos yacimientos de las zonas aledañas.[98]
Aunque
el propósito inicial, como inmigrantes, consistió en reunir un pequeño
capital para luego regresar a su país natal, factores de diversa índole,
especialmente, políticos, religiosos, ocurridos en China, los hizo asentarse en
forma definitiva. Por el contrario, cuando su condición mejoró, decidieron
traer a sus familias, se engrosó así la colonia de manera paulatina.[99]
SOLIDARIDAD
Y AYUDA MUTUA
La
lucha frente al medio y su sentido de extranjero, les condujo a cohesionarse
socialmente, institucionalizada o no, bien
ayudó a la movilidad social como
inmigrante.[100] Las prácticas de cohesión
social fueron de diferentes formas: en
Puntarenas había una especie de banco, todos los miembros llegaban y aportaban
algún dinero, luego lo prestaban a un “paisano” como solían llamarse entre
ellos, para que se estableciera, y
después este lo devolvía sin
pagar ningún interés. [101]
En
general, en todas las comunidades donde hubo grupos de chinos,
funcionó un fondo de ahorro para
préstamos, como mecanismo de solidaridad y mutua ayuda.
El éxito de estas prácticas en un inicio, se basó en la confianza
mutua y en el clima solidario existente entre los integrantes, el cumplimiento
de sus obligaciones fue asegurado por el control moral del grupo. El préstamo
se daba sin interés y sin plazo, partiendo de la confianza entre ellos.
Si el paisano no pagaba, situación poco común,
se le cerraba el crédito.[102]
La
presencia en el país, de familiares, amigos y paisanos, permitió no sólo
hacer frente o atenuar las dificultades, sino una gran ayuda
para cambiar la difícil situación que traían la mayoría. De igual
modo, los recién llegados, bajo un compromiso moral pronto reproducían los
mecanismos comunales de ayuda mutua
hacia otros y así sucesivamente.[103]
ACTIVIDADES
ECONÓMICAS
Conforme se van
arraigando logran irse vinculando especialmente en la actividad comercial, el préstamo
de servicios y la pequeña empresa, como resultado ocurrió una diáspora de
pequeños restaurantes, hoteles, negocios de abarrotes y lavanderías.[104]
La inserción independiente ayudó a autogenerar su empleo a través de esas
actividades, las cuales se
ubicaron muy cerca de zonas productivas.[105]
No existía
competencia entre ellos, para evitar esta situación ofrecían sus productos a un mismo precio, trataban de poner
sus negocios distantes uno del otro. Este fue un sistema que la comunidad china
reprodujo y aplicó en diferentes
países, tal es el caso de los
Estados Unidos, el cual fue muy semejante al de Costa Rica en que se repartían
la población en vecindarios para ofrecer sus servicios.[106]
Por
la falta de un sistema bancario en zonas alejadas del país, los comisariatos
chinos suplieron muchas de sus funciones, cambiando cheques, haciendo préstamos
y trocando oro, dinero y otros bienes, de este modo, tanto el negocio como “el
Chino” se convirtió en un sitio y una figura popular.[107]
Alrededor de esos comisariatos, se construyeron las zonas comerciales de muchos
de los pueblos y ciudades de Costa Rica. No fue casualidad que poblaciones
enteras brotaran alrededor de los lugares donde chinos visioneros y aventureros,
como José Chen Apuy y Luis Wachong Lee, establecieron cadenas de
comisariatos, empresas agrícolas y
ganaderas.[108]
No
solamente, compitieron con éxito creciente en el comercio al menudeo, también
incursionaron en la horticultura y los servicios e incluso en negocios mal
vistos por la sociedad costarricense como los que se dedicaban a la prostitución.[109]
Resultado
de esta fusión de fuerzas, se generó una serie de campañas antichinas, de
desprestigio por parte de los comerciantes limonenses, guanacastecos[110]
y de otras partes del país. Como una de las medidas tomadas por los
comerciantes, se
elevó, a través de un memorial al Congreso de la República, la solicitud de
excluir a los chinos en la actividad comercial. No
obstante, el objetivo principal de estos ataques, tenían un blanco muy claro,
evitar el control de este grupo de ciertas patentes, en particular, la de
licores que producía cuantiosas ganancias.[111]
En Costa Rica, por el contrario,
estas campañas se van a manifestar en forma más
pasiva, encausadas a través de los estereotipos*
que tendieron a generalizar a todos los chinos, pues se utilizaron los mismos
conceptos para definir todos los elementos de esta comunidad, sin preocuparse
de las excepciones o sin preguntarse en qué medida el contenido del
estereotipo, no se aplicaría mejor, justamente a las excepciones mismas.
VIDA
COTIDIANA
Paradójicamente,
el inmigrante llegó a identificarse, muy rápidamente, con el país, hecho que
se manifestará en diversos aspectos; esta identificación, fue producto del
clima diferente que encontró con respecto a otros países.
De
esto no debe inferirse la idea de que estos inmigrantes no encontraron rechazos
sociales de importancia. Como se mencionó anteriormente, las campañas
antichinas, durante las primeras décadas, fueron demostraciones fuertes de
hostilidad en su contra, organizadas por algunos sectores, que amenazados ante
el rápido ascenso económico de este grupo, consideraron hasta hace pocos años
atrás como clase baja, manifestaron su inconformidad por el fenómeno, aún
cuando la percepción de su “riqueza” fuese
totalmente errada.
Por el contrario, las relaciones de
estos migrantes con las clases populares y comunidades rurales, fueron libres de
fricciones engorrosas. Muchos ciudadanos chinos, cuando progresaron,
establecieron relaciones positivas con las comunidades donde se instalaron,
ayudaron a estas en diferentes formas: Luis Wachong en el Pacífico Sur,
fundador de grandes empresas
cafetaleras y ganaderas; Jacobo Sánchez, Gil Con, José Chen Apuy, quien en
momentos de desgracia, por motivo de las inundaciones causadas en el río Bolsón
en Guanacaste facilitó provisiones junto a otros comerciantes chinos, en los
pueblos afectados.[112]
Lo
mismo sucedió en Limón, donde colaboraron con la comunidad.[113]La
relación entre estos y en especial
con los afrocaribeños, siempre fue
buena. Por ser ambos migrantes, que sufrieron condiciones sociales y económicas
semejantes cuando llegaron al país, estos establecieron una relación muy
solidaria y amistosa. Ellos compraban en sus tiendas y pulperías, frecuentaban
los curanderos chinos (los cuales habían aumentado considerablemente) para
curar sus enfermedades con medicina oriental.[114]
Asimismo colaboraron hasta con la introducción clandestina de
inmigrantes[115] y como testigos para que
pudieran inscribirse en los registros y el censo de chinos de 1911, ya que uno
de los requisitos era llevar testigos que dieran fe de su buena conducta.[116]
Se
proyectaron también en la
comunidad, dando fiado en sus almacenes, en los diversos poblados donde se
arraigaron, por eso en las localidades, no se percibió un rechazo hacia ellos,
por el contrario, consideraron que estos habían aportado mucho a sus
comunidades con el establecimiento del comercio y que eran respetuosos de las
leyes.[117]
En
las zonas donde se instalaban, llegaron a tener gran aceptación, gracias a su
cooperación para construir caminos, escuelas, edificación de iglesias, donar
terrenos y ayudas al deporte.[118]
RECREACIÓN
La
vida social y recreativa, tan ligada a las
celebraciones religiosas en China, pasó en Costa Rica, a un segundo
lugar. Esto fue producto de un relajamiento en las actividades religiosas de
este grupo, consecuencia a la vez de su adaptación al nuevo medio, que le obligó
ahora, a utilizar la mayoría del tiempo y esfuerzo en su trabajo.
[119]
Las
actividades del inmigrante tuvieron grandes cambios, en especial, se incrementó
la jornada de trabajo y disminuyeron las actividades recreativas. La difícil
condición económica en que llegaron los inmigrantes, les obligó a dedicarse
por entero a su trabajo, en la mayoría de los casos, como comerciantes, sin
contar casi con tiempo para dedicarlo a otras actividades.
El
poco tiempo de ocio eran los domingos, cuando cerraban los establecimientos
comerciales se reunían en casas de los paisanos o en los clubes a jugar
“Machou” y principalmente algunos juegos de azar. Se reunían, generalmente,
en la tarde, cuando ya pasaba el movimiento de los negocios,
ahí se tomaban un té con bocadillos o cenaban.[120]
La
comunidad realizaba actividades culturales y sociales en los distintos locales
que tuvieron; llegó a ser esto una de las principales actividades de
entretenimiento, en las cuales muchas veces podían participar todos los
miembros, independientemente, de su edad y sexo.
LA FAMILIA
Aquellos
que lograron ahorrar y prosperar,
mandaban dinero a sus familias, al permanecer estas todavía en China. Ante la
imposibilidad de regresar o de trasladar a su esposa e hijos, algunos optaron
por formar una nueva familia, aunque sin dejar de enviar
los fondos necesarios.[121]
El
hogar chino fue la escuela, el intento más formal de la
comunidad, para que sus descendientes conservaran y perpetuaran lazos
culturales con su país, situación que luego se dificultó, porque habiendo
sido una emigración masculina en un inicio, algunos se unieron posteriormente a
mujeres de origen costarricense, lo que significó: la no transmisión de la
cultura china a los hijos; a esto contribuyó la ausencia del padre en el hogar,
por dedicar la mayor parte de su tiempo a la atención de su negocio o por
trabajar como asalariado. [122]
La
primera generación de hombres inmigrantes se caracterizó por tener concubinas,
esta condición les daba prestigio social a lo interno de la colonia al mostrar
la capacidad de poder mantener a varias mujeres a la vez, por consiguiente,
significaba que el hombre gozaba de mucho dinero para pagar los gastos que estas
generaban. Las esposas de origen chino solían buscárselas al marido, asimismo
llegaba a ser considerada como la segunda madre para las concubinas. En muchos
casos, todos vivían en la misma casa como una gran familia,
los hijos de estas también tenían el derecho a heredar.[123]
FILOSOFÍA
Es de
esperarse que un pueblo tan poco religioso como el chino, reflejara esa situación
en sus migrantes, con algunas adaptaciones a la sociedad que los recibió, sin
embargo, cabe aclarar que ninguna se presenta como religión, sino más bien,
como una filosofía de la vida, manifestada con una serie de proverbios prácticos
que reflejan la tenacidad y perseverancia:[124]
De este modo, la filosofía fue de suma importancia, porque les aportó los
principios de comportamiento cotidiano para la integración a la sociedad
receptora, esto se dio principalmente, al estar lejos de sus familias y
comunidades.
Al
establecer lazos matrimoniales con costarricenses, se le suman un conjunto de prácticas
religiosas, propias de la religión católica, esto conllevó a un sincretismo
religioso, al festejar la Fiesta de la Luna y el Año Nuevo, al
visitar la casa de Tao donde practicaban los principios del confusionismo
y ahora nuevas creencias de la fe cristina. [125]
[1] Prensa Libre. San José, Costa Rica. 15 de abril de 1896.
[2] Quesada Monge, Rodrigo. “Costa Rica y el Mercado Mundial. Revista Nuestra Historia. San José, Costa Rica. Pág. 12.
[3]
Ibidem.
[4] Wright, Robin y Mac Manus, Doyle. Futuro Imperfecto. Ediciones Grijalbo S.A. 1ra. Edic. Barcelona, España. 1992. Pág. 216.
[5] Álvarez Ríos, Baldomero. La Inmigración China en la Cuba Colonial. Habana: Publicigraf. Editores, 1995. Pág. 10
[6] Le Goff, Jacques. Lo Maravilloso y lo Cotidiano en el Occidente Medieval. 2 Edi.. Editorial Gedisa. 1986.
[7]
Molina Jiménez, Iván. "Imagen de lo Imaginario Introducción a la
Historia de las Mentalidades Colectivas". Historia
Teoría o Métodos. 1° Edic. Editorial Universitaria
Centroamericana EDUCA. San José, Costa Rica. 1989. Pág. 187.
[8] Chen Chih-ping y Chen Shih-Fu. Historia de China. Compañía Editora China. Taipei, Taiwán, República de China. 1980. Pág. 2.
[9] Sanz
García, José Ma. Geografía. Ediciones Amaya S.A. Salamanca, Madrid, España. Pág.
222.
[10] Chen Chih-ping y Chen Shih-fu. Op. Cit. Pág. 1.
[11] Chen Apuy, Hilda. "Una Aproximación a su Pueblo, su Historia y su Cultura". Revista de Congreso Femenino. Pág. 16.
[12] Ibidem. Pág. 31.
[13]
Panikkar, K. M. Asia
y la Dominación Occidental Eudeba
Editorial Universitaria de Buenos Aires. Buenos Aires, Argentina. 1966.
Pág. 118.
[14]
Panikkar, K.M. Op. Cit. Pág. 125.
[15] Snow, Edgar. La China Contemporánea. el Otro Lado del Río. 2ed. Colección Popular. Fondo de Cultura Económica. México. 1961. Pág. 19.
[16] Chen Apuy, Hilda.Entrevista con Hilda Chen Apuy. Profesora Universitaria Pensionada. San José. 28 de agosto de 1999.
[17]
Alvarez Ríos, Baldomero. Op.
Pág. 15.
[18]
Chevrier Yves. La China
Moderna. Fondo de Cultura Económica, México, 1987. Pág. 35.
[19] Evans, Harriet. "Las Migraciones Chinas en su Área de Origen: Causas del Éxodo". Op.Cit. Pág. 219.
[20] Ibidem. Pág. 22.
[21] Entrevista
con Hilda Cheng Apuy. Op. Cit.
[22] Chen Chih-pin y Chen Shih-fu. Op. Cit. Pág. 28.
[23]
Panikkar. Op. Cit.Pág 202.
[24]
Lucien, Bianco. Los Orígenes de
la Revolución China, 1915-1949. Editorial Tiempo Nuevo S. A.
Caracas, Venezuela. Pág.
26.
[25] Evans, Harriet. Historia de China Desde 1800. Op. Cit. Pág. 221.
* Tipo de barcaza china de poco fondo.
[26] Ibidem.
[27] Solís, Otón. Op. Cit.
* El 9 de agosto de 1951, en Ballart, Victoria zona de Australia, se descubrió hallazgos importantes de oro que ocasionaron grandes migraciones de aventureros de todas partes del mundo. A esta se le llamó la nueva montaña de oro.
[28]Wright, Robin y Mac Manus, Doyle. Op. Cit. Pág. 221.
[29] Entrevista con Hilda Chen Apuy. Op. Cit.
[30]Alemán, Carmen; Dierckxsems Win; Fernández, Mario; Porras, Ana Isabel; Quevedo, Santiago y Vásquez, Róger R. Estructura Productiva Superpoblación y Migración: Bases para una Discusión. En: Avances de Investigación. No. 3. Instituto de Investigaciones Sociales. Universidad de Costa Rica. 1991. Pág. 1.
[31]Alemán, Carmen; Dierckxsems Win; Fernández, Mario; Porras, Ana Isabel; Quevedo, Santiago y Vásquez, Róger R. Op. Cit. Pág. 1.
[32] Alvarez Ríos, Baldomero. Op. Cit. Pág. 16.
[33] Martínez Montiel, Luz María y Reynoso Medina. Inmigración Europea y Asiática Siglos XIX y XX. Fondo Nacional para la Cultura y las Artes y el Fondo de Cultura Económica. 1ra. Edic. México, DF. 1993. Pág. 397.
[34] Gómez Izquierdo, José Jorge. El Movimiento Antichino en México (1871-1934). Problemas del Racismo y del Nacionalismo durante la Revolución Mexicana. 1ra edición. Instituto Nacional de Antropología e Historia. México, D.F. 1991. Pág. 35.
[35] Martínez Montiel, Luz María y Reynoso Medina. Op. Cit. Pág. 398.
[36]
J.A. Crawford, Memoria respecto a la emigración china hacia las Indias
Occidentales. citado por Ramón A. Mon Pinzón. Europa, Asia y África en América
Latina y el Caribe. Pág.
251
[37] Cong Wong, Isidro. Entrevista con Isidro Cong Wong. Pintor y Escultor. San José. 2 de mayo de 1999.
[38] Al varez Ríos, Baldomero. Op. Cit. Pág. 17.
[39] Gómez Izquierdo, José Jorge. Op. Cit. Pág. 29.
*
Los chinos cantoneses llamaban Chutchaitou
a aquellos que se vendían para ir a trabajar a los países extranjeros.
Pérez de la Riva, Juan. Para
la Historia de las Gentes sin
Historia. Ed. Ariel. Pág. 11.
[40] Chang, Luis. "De Culiés a Héroes Anónimos. Chinos en Ultramar". En: Revista China Libre. Nov-Dic. 1997. Pág. 18.
[41] Hung Hui, Juan. Chinos en América. MAPFRE. Madrid, España. 1992. Págs. 92,104,106, 108-110.
[42] Ibidem. Pág. 206.
[43] Álvarez Ríos, Baldomero. Op. Cit. Pág. 17.
[44]
Chuffat, Antonio. Apuntes Históricos
de los Chinos en Cuba. La Habana, Cuba. 1927. Pág.
8
[45] Chie Chan, Chieng. The Chinese in Latin American. 1991.
[46] Lao, Juan José. Homenaje de la Asociación Costarricense de Amigos de la República de China. Con motivo del Primer Centenario de Capellades, Cantón de Alvarado. Cartago, Costa Rica. 29 de mayo de 1987. Pág. 1.
[47] “Poseídos por la Nostalgia”. Revista Dominical. La Nación. San José, Costa Rica. 20 de febrero del 2000. Pág. 6.
[48] Pérez de la Rica. Op. Cit. Pág. 145.
[49] Serie Congreso: 8202.
[50] Lao Obando, Juan José. Entrevista con Juan José Lao Obando. Abogado. Cartago. 3 de julio de 1999.
[51]
Sowell, Thomas. Ethnic
America a History. Basic Books, Inc, Publishers. New York. Pág.136.
[52] Imigración III. El Costarricense. Costa Rica. 14 de agosto de 1873. Pág. 1.
[53]
Schifter Sikora, Jacobo; Gudmundson, Lowell y Solera Castro, Mario. El
Judío en Costa Rica. Editorial Universidad Estatal a
Distancia. EUNED. San José, Costa Rica. 1979. Cit. Pág. 85.
[54] Kim, Elaine H. Asian American Literature. An Introduction to the Writings and their Social Context. Temple University Press. United States of America. 1982. Pág. 100.
[55] Mörner, Magnus. "La Inmigración desde Mediados del Siglo IX: Una Nueva América Latina". Revista Culturas. Vol. 3. UNESCO. 1978. Pág 57.
[56]
Quesada y Aróstegui, Gonzalo. Mi
Primera Ofrenda: Los Chinos y la Revolución Cubana.
En: Páginas escogidas. Ciencias Sociales. La Habana, Cuba. 1971. Pág.
22.
[57] Bariatti Lussetti, Rita. La Inmigración Italiana en Costa Rica 1821-1968. Tesis para optar por el grado de Licenciatura en Historia. Universidad Nacional Autónoma. Heredia, Costa Rica. 1987. Pág. 75.
[58] "Inmigración" La República. 11 de noviembre de 1890. Costa Rica. Pág. 2.
[59]Serie Gobernación: 23426. Folio 48. 1850
[60] Serie Gobernación: 26090.
[61]Sánchez, María Eugenia. Historia de la Dirección General de Migración y Extranjería. Ministerio de Gobernación y Policía. Imprenta Nacional. 1994. Pág. 252.
[62] Murillo Chaverri, Carmen. Identidades de Hierro y Humo. La Construcción del Ferrocarril al Atlántico 1870-1890. Porvenir Editores. San José, Costa Rica.. 1995. Pág. 73.
[63] Gudmunson, Lowell y Molina Iván. De Negro a Blanco en Hispanoamérica del Siglo XIX, la Asimilación Afroamericana en Argentina y Costa Rica. Mesoamérica Editores N°. 12. San José, Costa Rica. 1986. Pág.12.
[64] "Inmigración III". El Costarricense. 14 de agosto de 1873. Pág. 2.
[65]
Cardoso, Ciro y Pérez
Brignoli, Héctor. Los
Métodos de
la Historia. Grijaldo Editores. México. 1979.
Pág. 82.
[66] Palmer, Steven. "Hacia la Auto-Migración, el Nacionalismo Oficial en Costa Rica 1870- 1930. Compilación de Arturo Taracena A, Jean Piel. En: Identidades Nacionales y Estado Moderno en Centroamérica.
[67]
León, Moisés. The Chinese of Costa Rica. Summamry
to the World. Cultures Encyclopedia. San José, Costa Rica.
1991. Pág.4.
[68] Scherzer, Carl y Wagner, Moritz. La República de Costa Rica en la América Central. Ministerio de Cultura Juventud y Deportes. San José, Costa Rica. 1974. Págs. 216-217.
[69]Fonseca, Zaida. Los Chinos en Costa Rica Durante el Siglo XIX. Tesis de Licenciatura en Historia: Universidad de Costa Rica. 1979. Pág. 13.
[70] Fonseca, Elizabeth. Centroamerica: la Política Social en Costa Rica, 1880-1940. 2 ed. FLACSO-EDUCA, San José, Costa Rica. 1998. Pág. 113.
[71] Serie Gobernación: 26090. Folio 7
[72] Meléndez Chaverri, Carlos. Historia de Costa Rica. 2 Edic. EUNED. San José, Costa Rica. 1987. Pág. 129.
[73] Soto Quirós, Ronald. Inmigración e Identidad Nacional. 1904-1942. Los “otros” Reafirman el “Nosotros. Tesis de grado en Licenciatura en Historia. Universidad de Costa Rica. San José, Costa Rica. 1998. Pág. 175.
[74] Serie Gobernación: 26090. Folio 3
[75] Salgari, Emilio. Los Solitarios del Océano. Editorial Molino. Barcelona, España. 1975. Págs. 13 –14 en OIM. Aspectos Jurídicos e Institucionales de las Migraciones en Costa Rica. San José, Costa Rica. 1991. Pág. 4.
[76] Serie Policía: 5651.
[77] Serie Gobernación: 34334
[78] Oliva Medina, Mario. "Movimientos Sociales en Costa Rica 1825-1930. En revista: Nuestra Historia N° 13. EUNED. 1992. Pág. 26
[79] Serie Gobernación: 34334.
[80] Serie Fomento: 8525.
[81] Serie Gobernación: 12043
[82] Serie Gobernación: 7963. Folio 3.
[83] “De la Costa Atlántica.” La República. San José, Costa Rica. 16 de octubre de 1908.
[84] Decreto Ejecutivo de 21 de junio de 1906, en Colección de Leyes y Decretos. San José, Costa Rica.
[85] Decreto Ejecutivo del 22 de setiembre de 1911 en Colección de Leyes y Decretos. San José, Costa Rica.
[86] Entrevista con Hilda Chen Apuy. Op. Cit.
[87] León, Moisés. The Chinese of Costa Rica. Op. Cit . Pág. 3.
[88] Margulis, Mario; Leander, Birgita. Migraciones hacia América Latina y el Caribe.Contexto Histórico e Influencia Cultural. Op. Cit.. Pág. 6.
[89]Cong Wong, Isidro. Entrevista con Isidro Cong Wong. Pintor y Escultor. San José. 2 de mayo de 1999.
[90] Serie Fomento: 8525
[91] Minsky Acosta, Larissa. "Un Soplo de Oriente". Revista Dominical. La Nación. 22 de marzo de 1992.
[92] Canal 15. “La Inmigración China.” San José, Costa Rica. 7 de mayo de 1999. 7 p.m.
[93] Entrevista con Josefina Ho Mo. Ama de Casa. San José, Costa Rica. 12 de mayo de 1999.
[94] “Un viaje a Limón.” Prensa Libre. San José, Costa Rica.31 de enero de 1895.
[95] Ibidem..
[96]
Canal 15. “La Inmigración
China.” San José, Costa
Rica. 7 de mayo de 1999. 7
p.m.
[97]Gil, José Daniel. "Controlaron el Espacio Hombres, Mujeres y Almas. 1880-1941" Seminario de Fin de Siglo XIX e Identidad Nacional en México y Centroamérica. Alajuela, Costa Rica. 11-14 de mayo de 1999.
[98] Canal 15. “La Inmigración China.” San José, Costa Rica. 7 de mayo de 1999. 7 p.m.
[99] Valverde Espinoza, Arabela. La Ciudad de Puntarenas: Una Aproximación a su Historia Económica y Social. 1858-1930. Tesis de grado en Licenciatura en Historia. Universidad de Costa Rica. San José, Costa Rica. 1997. Pág. 97
[100] Margulis, Mario y Leander Birgita. Migración hacia América Latina y el Caribe. Contexto Histórico e Influencia Cultural. Pág. 6.
[101] Entrevista con Mario Ching Fong. Presidenter de la Asociación China de Puntarenas. Puntarenas. 15 de mayo de 1999.
[102] Entrevista con Juan José Lao Obando. Op. Cit.
[103] Ibidem.
[104] Canal 15. “La Inmigración China.” San José, Costa Rica. 7 de mayo de 1999. 7 p.m.
[105] Revista de la Organización Internacional sobre las Migraciones (OIM) en América Latina. Vol. 12. N° 1/3. Abril -Diciembre de 1994. Op. Cit. Pág. 15.
[106] Chan, Sucheng. Asian Americans. An Interpretive History. Twayne Publishers. Broadway Nueva York. 1991. Pág. 67.
[107] León, Moisés. The Chinese of Costa Rica. Op. Cit. Pág. 7.
[108] Ibidem.
[109] “Cuestión Chinos.” La Chirimea. San José, Costa Rica. 14 de agosto de 1886.
[110] Serie gobernación: 23282.
[111] Municipalidad de Limón. Luchas y Esperanzas: 100 Años de Historia Doble e Inconclusa del Cantón de Limón. Primera edición, Uruk Editores, S.A. Limón, Costa Rica 1992. Pág 256.
*
El estereotipo es
definido como conjuntos de rasgos que supuestamente caracterizan o tipifican
a un grupo, en sus aspectos físicos, mentales
y en su comportamiento. Estos
conjuntos apartan de la "realidad",
restringiéndola, mutilándola y deformándola.
[112] Serie Gobernación: 3418.
[113] Expediente 593 de la Transferencia 65-98 de la Gobernación de Limón al Archivo Nacional.
[114] Expediente 597 de la Transferencia 65-98 de la Gobernación de Limón al Archivo Nacional.
[115] Expediente 681 de la Transferencia 65-98 de la Gobernación de Limón al Archivo Nacional.
[116] Serie Gobernación: 535.
[117] Prensa Libre. San José, Costa Rica. 3 de agosto de 1901.
[118]
Canal 15. Op. Cit.
[119] Kim H, Elaine. Op. Cit. Pág. 30.
[120] Expediente 681, de la Transferencia 65-98 de la Gobernación de Limón.
[121] Ibidem.
[122] Ibidem.
[123] Entrevista con Isidro Con Wong. Op. Cit.
[124] Zen Chan, Oscar. (Xiao Quing). Entrevista con Oscar Zen Chan. Comerciante-Hotelero. Limón, Costa Rica. 6 de abril de 1999.
[125] Entrevista con Josefina Ho Mo. Op. Cit.